miércoles, 24 de noviembre de 2010

Eje Cafetero: VISIÓN RETROSPECTIVA Y PROSPECTIVA DEL DESARROLLO REGIONAL

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Ecorregión Eje Cafetero. Fuente: http://www.sirideec.org.co/
Por Gonzalo Duque Escobar *
Sin ser un historiador y como el más lego de todos los que en la materia aventuramos, me propongo en las siguientes notas presentar para este encuentro internacional con la historia y la cultura, una visión sobre el pasado y futuro del proceso de desarrollo regional del denominado Eje Cafetero de la República de Colombia, gracias al honroso encargo que me hiciera la Academia de Historia del Departamento de Caldas, atendiendo solo mi calidad de obrero de la cultura, ya como Profesor de la Universidad Nacional de Colombia, ya como Miembro de la Sociedad de Mejoras Públicas de esta ciudad.
Para el efecto y dado el carácter y la temática de este Primer Foro Latinoamericano, conmemorativo del Centenario de nuestra Benemérita Asamblea Departamental, intentaré plantear la visión que me propongo en este ejercicio, tomando como hilo conductor la dimensión histórica, para contemplar en ella varios períodos del desarrollo regional, que a mi juicio parecerían ser de alguna utilidad.
Explorando y ocupando el territorio
Estas breñas de empinadas laderas en tierras mediterráneas del centro occidente de Colombia, que ligan los volcanes nevados con los estrechos valles tropicales de los ríos Cauca y Magdalena, dos depresiones que marcan los plegamientos de los Andes más septentrionales de América, fue explorada por el sector occidental cuando Sebastián de Belalcázar y sus capitanes fundaron la ciudad de Anserma en 1539, sobre la cabecera de la cuenca del río Risaralda, un año después a Cartago donde hoy está Pereira, y tres después la población de Arma; y por el oriente, por quienes intentaron hasta 1553 al menos 5 veces la fundación de Victoria, en vecindades del río La Miel y de la entonces provincia de Mariquita. Y en cuanto al occidente de la región de la cual me ocuparé, a comienzos del siglo XVI el espacio lo poblaba la nación indígena de los Ansermas, la que se esparcía entre las cimas de la Cordillera Occidental de Colombia y el río Cauca, entre los actuales departamentos de Antioquia y del Valle del Cauca.
1 -  carabelas - descubrimiento de america
Carabelas, en static.icarito.cl
Abatida y menguada la población indígena donde sobresalían los laboriosos Quimbayas por el poniente y los grupos Pijaos por el naciente, y saqueadas sus riquezas durante la Conquista, ya en la Colonia se concentran las actividades antrópicas en dos frentes: uno para la explotación del enorme potencial minero en algunos ríos y montañas, introduciendo la esclavitud negra a las áreas de Marmato, Supía, Arma y Victoria, donde merece destacarse la fundación del Real de Minas de Quiebralomo en 1540 convertido en centro esclavista por haber sido uno de los más ricos del país por aquel entonces. Y otro, para el estudio de la biota de la Nueva Granada en Mariquita, gracias a la Expedición Botánica encomendada a Mutis como punto central de las propuestas ilustradas de Carlos III para hacer de América un proyecto rentable para España, y con el cual la corona contribuyó a generar unas condiciones que, sumadas a hechos como la Batalla de Trafalgar y la incursión napoleónica en España, favorecieron la Independencia de las tierras Americanas.
Aquí creo importante resaltar que la Nueva Granada abastecía el 40% del oro mundial, razón suficiente para haber declarado un nuevo virreinato con capital en Santafé y construido la defensa amurallada para Cartagena de Indias. Mientras la minería en la provincia del Cauca, donde se generaba el 70% de la producción de oro, se soportaba en la esclavitud, el modo de producción empleado en Antioquia era fundamentalmente diferente, por soportarse en el trabajo del minero independiente, tal cual se puede inferir de los rasgos raciales dominantes en la población vecina a Barbacoas y a Santa Rosa de Osos.
Ya en los albores de la República, siendo este un territorio despoblado en el que la economía urbana sucumbía frente a las actividades agropecuarias y mineras, por lo que el Estado no podía gobernar sus inconexas provincias, y donde el modelo político administrativo de subordinación centralista de la Colonia acentuaba la insularidad de Colonias y Capitanías, parten corrientes migratorias de la denominada Colonización Antioqueña que llegan a estos lares, como un fenómeno social tan importante para nuestra historia como lo fueron la Revolución de los Comuneros y la Independencia. En los procesos de ocupación global de nuestro territorio, dicha colonización fue complementada por otras migraciones de colonos provenientes del gran Tolima y del ya estado soberano del Cauca.
En esta compleja Colonización, luego de la ocupación de tierras baldías de Antioquia durante su primera etapa entre 1770 y 1874, sigue la que avanza por las tierras selváticas del costado occidental de la Cordillera Central, ubicadas desde el norte de Caldas hasta Quindío, tierras sobre las que existían títulos de propiedad colonial como la Concesión Aranzazu y la Concesión Burila, lo que conduce a enfrentamientos entre colonos y propietarios. Así, las expediciones se establecieron en colonias, y fundaron pueblos que a su vez sirvieron de puntos de partida para avanzar a otras zonas y repartir las tierras. Entonces se fundaron Aguadas en 1808, Salamina en 1825 y Manizales en 1849. Y de tales conflictos entre colonos y Concesiones, y entre aparceros y latifundistas, cuenta el historiador Albeiro Valencia Llano, que “los terratenientes avanzaban con sus brigadas de asalto -inspectores, jueces, guardianes, levitas, alcaldes, leguleyos-, iban destruyendo cultivos, arrastrando las sementeras; incendiando casas”.
De una economía de subsistencia a otra de acumulación
Finalizando el primer período presidencial Tomás Cipriano de Mosquera (1798-1878), quien ha impulsado la navegación de vapores por el Magdalena, la apertura de caminos y la mejoras de los servicios de correo, entrando el General José Hilario López al poder, cuando la República se prepara para declarar la manumisión de 16 mil esclavos (1852), se da una emancipación que era temida en los grandes feudos de las provincias de Popayán y Cauca y en las grandes minas de Antioquia, Chocó y Barbacoas, y se proponen cambios fundamentales como la ley agraria, la separación de la Iglesia y el Estado, la libertad de prensa y la federalización de la República.
2 - esclavos - esclavitud
Esclavos, en grandesexploradoresbbva.com
A medio siglo de haberse perdido la importancia comercial alcanzada por Honda durante la Colonia, quien actuó como nodo terminal de la navegación del Magdalena desde Barranquilla, en la ruta para las mercancías con destino a Bogotá, Antioquia, el Cauca y Quito, después de la independencia cuando se afecta la hidrovía por la apertura de puertos sobre el Pacífico en Guayaquil, Tumaco y Buenaventura y por el camino para Antioquia establecido por Nare, surge Manizales como el poblado más estratégico de la provincia sur del Estado de Antioquia; entonces esta aldea que se desarrolla sobre una retícula con centro en la plaza mayor, va emergiendo al ritmo de la arriería, al tiempo que se va desarrollando un bahareque de tierra como tecnología vernácula, con la que se expresa la adaptación del hábitat a la oferta cultural y natural por la amenaza sísmica del trópico andino, con esta tecnología constituida por un una mezcla de estiércol de equinos y limos inorgánicos aplicados sobre una esterilla de guadua, dispuesta sobre una armadura de tallos de la misma bambusa.
Durante esta segunda media centuria que cierra el Siglo XIX, luego de duros años de trabajo empleados por los colonos con la esperanza de hacerse a la tierra como medio de subsistencia y buscando el ascenso social, Manizales pasa a ser el teatro de las confrontaciones armadas de 1860, 1876 y 1884, entre los estados de Antioquia y Cauca, donde el necesario aprovisionamiento de las tropas favorece su economía de subsistencia, al generarse una demanda adicional de alimentos bebidas y vestuario, cuya oferta posiblemente da pie al surgimiento del plato montañero, un típico de la gastronomía regional preparado con las provisiones de plátano, maíz, fríjol y carne de cerdo aportados por los colonos. Los gastos para la manutención de cerca de 3 mil soldados de las huestes conservadoras que de este lado enfrentaban a los liberales del Cauca, que en número prácticamente igualaban a la población de la Manizales de la primera guerra, pero también el ambiente por las confrontaciones, le causan pérdidas enormes al país, lo que impide el desarrollo de las importantes obras ferroviarias que venían en curso.
Para 1876 la población de la aldea de bahareque y tapia pisada llegaba a 10 mil habitantes, y la del país a unos 3 millones. Entre tanto, la promisoria economía del fértil valle del río Cauca, donde se esperaba el fruto de grandes esfuerzos, como fueron la construcción del Ferrocarril del Cauca, el telégrafo y el carreteable entre Palmira y Cali, además de la creación de la Compañía de Vapores del Cauca y del Banco del Cauca, se fue a pique como consecuencia de la inestabilidad política de estas guerras civiles: específicamente, por la guerra de 1876, cuyo impacto causó tanta ruina que la mayoría de las haciendas que venían produciendo en un régimen de servidumbre, quedaron sin capacidad para reiniciar la explotación de tierras en dicho territorio.
Pasado este difícil período, las pequeñas fincas de pan coger del área entre Quindío y Manizales, que se laboran bajo el modelo de producción familiar, se siembran ahora, con propósitos comerciales, primero en caucho y posteriormente en café, dando origen a un sistema económico y social diferente al de peonaje y haciendas característico de los grandes predios de los estados de Cundinamarca y Cauca, fundamentado en el trabajo asalariado del colono, ya que con la colonización del Siglo XIX, al establecerse el principio de “la tierra para quien la trabaje”, se crean las bases en este territorio del Gran Caldas, para un modo de producción capitalista.
El grano de oro para el desarrollo
Los habitantes de la “Tierra del café”, poseen una cultura donde inciden determinantes de la caucanidad y de la antioqueñidad, relacionados con los modos de producción de la minería de la Colonia y de la actividad agraria que parte del el siglo XIX. Si en el Caucano gravitó el modo esclavista en la minería y feudal en la hacienda terrateniente, en el colono venido de Antioquia, que laboró como minero independiente, convertido ahora en un campesino propietario, la nueva caficultura será una actividad minifundista soportada en el trabajo asalariado de pequeños propietarios, donde la cultura se enriquece con el aporte del caucano de clase media, caracterizado por sus imaginarios de libre pensador, lo que forja una sociedad laboriosa y emprendedora en este territorio cafetero, y una economía que florece durante los primeros setenta años del siglo XX.
3 - colonizacion antioqueña
Colonización antioqueña, en lacolonizacionpaisa.blogspot.com
Así, en una perspectiva socioambiental, Manizales, Pereira y Armenia como capitales del Eje Cafetero, un territorio antes denominado El Gran Caldas y que lo constituyen los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, son también tres ciudades hijas de la Colonización Antioqueña, y por lo tanto herederas de una cultura imbricada: primero por tener profundas trazas de esa racionalidad propia de las empresas terratenientes de Antioquia, la tierra del hacha y la ruana, y segundo por estar inficionada por la mentalidad abierta y liberal de la “caucanidad”, cuya racionalidad impulsa al ciudadano no vinculado a la tierra ni a la minería, hacia el comercio y la producción manufacturera; pues ciertamente dado que en la tierra del sabio Caldas se recibía información de la Capitanía de Guatemala por su vecindad a Panamá gracias a las actividades mineras en Barbacoas, del Virreinato del Perú al depender de Quito, y de la Capitanía de Venezuela a través de la Nueva Granada con quien finalmente se desarrollaba el comercio caucano, con la posibilidad de ampliar miras y tener más horizontes de referencia, se moldea la mente del payanés hacia las ideas progresistas.
Aunque Manizales aparece cuando empieza la transformación política y social de Colombia (1849), Pereira se funda cuando Mosquera da la guerra con Ecuador por Tumaco (1863), y Armenia surge al detonar en Santander la guerra de los “Mil Días” (1899-1903); si bien las fechas de fundación de estas tres ciudades intermedias y capitales conurbadas de la tierra del café, emplazadas sobre los abanicos aluviales de tres ríos que nacen en el Complejo Volcánico Ruiz-Tolima para drenar por la vertiente occidental de la cuenca media del río Cauca, son del período republicano, el mayor esplendor de la región apenas conformada, se vivió en la década de 1920, gracias al impacto de los ferrocarriles cafeteros, donde café y ferrocarril aparecen como fuerzas motrices del poblamiento del centro-occidente colombiano.
Para entonces cambia la fisonomía de esta capital que pasa de ser un pequeño poblado a tener aires de ciudad, gracias a su nueva arquitectura ecléctica donde participan estilos victorianos y afrancesados, ya que el nuevo modelo urbano que abandona el trazo de la retícula para seguir las curvas de nivel a lo largo de la escarpada topografía, exhibe un bahareque que ha evolucionado al utilizar láminas de acero, tablas y cemento, para proteger una estructura de madera con mayores proyecciones; igualmente, los numerosos periódicos y tertulias anuncian una corriente de intelectuales y artesanos. Si para la fundación de Manizales (1849), la población del país apenas sobrepasaba los 2 millones de habitantes, y cuando se funda el Departamento de Caldas (1905), alcanza 4 millones y medio, en 1970 ésta se acerca a 20 millones y actualmente (2010) a 44 millones de habitantes.
Si bien la rubiácea de la antigua Etiopia llegó durante la Colonia con las Misiones Jesuitas al oriente de Colombia, los primeros cultivos comerciales aparecen en Santander, desde donde Antonio Pinzón lo lleva, primero a Antioquia facilitando su difusión durante la segunda mitad del Siglo XIX, y luego a estas tierras para impulsar el hábito del consumo y estimular su siembra con propósitos mercantiles. Le sucede en su proyecto a este visionario, su hijo Carlos Eduardo Pinzón (1874-1925), quien en la década de 1920 alcanzará a exportar cerca del 35% del café colombiano, tras abrir el mercado de los Estados Unidos, por lo que The New York Times lo bautiza El Rey del Café. Para entonces el “grano de oro” representaba el 16 % del PIB de la nación y su principal exportador era la Casa Comercial Pedro A. López, también propietaria del entonces Banco López cuya quiebra ocurrida en 1923 da origen al actual Banco de La República, con el cual se moderniza e institucionaliza el sistema financiero para tan importante período de la economía del país.
Ahora, habiéndose constituido el café en el motor del desarrollo nacional, dicho empresario antioqueño pudo apoyar el Cable Aéreo Manizales-Mariquita, obra construida por los ingleses entre 1912 y 1922, con 9 estaciones a lo largo de 72,6 km, un medio con la longitud necesaria para cruzar la Cordillera Central y encontrar en el puerto de Honda la salida al Caribe, transitando el Magdalena; también hace lo propio este emérito comerciante promoviendo el Ferrocarril de Caldas como apéndice del Ferrocarril del Pacífico, el que por decisión del Congreso de la República se construye entre 1916 y 1927, con una ferrovía de una yarda a lo largo de 117 km para unir a Cartago con Manizales, asegurándole a la región la salida al Mar de Balboa por el Puerto de Buenaventura. En este punto resulta importante decir que, inaugurado el Canal de Panamá en 1914, Buenaventura que respondía por el 8% de las exportaciones del país, pasa a mover el 32%.
Igualmente que gracias al café se da la explosión de la navegación por el Magdalena, cuando el Ferrocarril de Antioquia, construido entre 1875-1914 llega a Puerto Berrío, y bajan los de la Sabana alcanzando los puertos de Girardot en 1909 y de La Dorada en 1921. Para la salida del café, los vapores navegaron el Magdalena hasta el incómodo puerto Arranca-plumas, en la quebrada Yeguas frente a Pescaderías, lugar vecino a Honda, tras salvar con dificultad la Curva Conejo donde florecerá, por las dificultades de este meandro, La Dorada. Hacia 1904, The Railway Company extendió hasta Yeguas el ferrocarril que venía de Girardot llevándolo aguas abajo de Honda, población ubicada cerca del salto donde el río Gualí cae al Magdalena.
La importancia del “grano de oro” será fundamental, primero para encontrar la viabilidad del Departamento de Caldas que se crea en 1905 al haberse constituido Manizales en un próspero poblado de 25 mil habitantes, cuando Medellín llegaba a 60 mil, además por lo que se apreciará en la década de 1920 cuando el meridiano económico de Colombia pasará por esta ciudad como fuente de divisas para la industrialización del país, condición que le permitió reconstruirse luego de los devastadores incendios de 1922, 1925 y 1926, que arrasan cerca de 1/3 del pujante poblado. Al fin de cuentas, la industrialización de Colombia y su primera apertura cultural y económica, no se dieron ni con la quina, ni con el tabaco, ni con el caucho, sino con el café, recurso con el cual también pudo seguir avanzando el país a pesar de la crisis de la economía global de 1929.
Comités de Cafeteros para el desarrollo y caturra para la crisis
Aunque el antiguo Caldas apenas surge en 1905 tras la reforma territorial de Rafael Uribe Uribe (1859-1914), en cuestión de nada se pasa de una economía de subsistencia y de grandes empresas de arriería que le apuntan al mercado nacional, a otra de acumulación, con ferrocarriles y cables aéreos que buscan los puertos marítimos. De ahí que los modelos de urbanización que se advierten en una trama urbana más orgánica y el bahareque de la zona Cafetera enriquecido en formas y nuevos materiales, hayan evolucionado como consecuencia de la apertura cultural y comercial; allí, la nueva sociedad presume un abolengo y tradición que no posee en virtud de su breve historia, y el café como cultivo de pequeña superficie asegura la estructura minifundista de la tenencia de la tierra, lo que a su vez incide en la conformación de unas comunidades donde el liderazgo abunda y el ingreso se distribuye, y en un modelo de ocupación soportado en multitud de pequeños poblados vecinos entre sí, lo que tendrá validez hasta la década de 1970.
4 paisaje cultural cafetero - luis guillermo vallejo
Los caminos del café en Manizales. Luis Guillermo Vallejo
Pero en 1927 se funda en Colombia la Federación Nacional de Cafeteros, institución que tiene hoy una cobertura de medio millón de familias en los 356 municipios productores de 15 departamentos de Colombia. El sistema que garantiza un precio de sustentación financiado por un fondo nacional que se nutre de la contribución de los cafeteros, se soporta en una organización representativa, compuesta por productores elegidos por los mismos cafeteros para los Comités Municipales y Departamentales, como instituciones que en últimas han logrado irradiar los beneficios de la caficultura al campo, aportando y cofinanciando para el medio rural la construcción de caminos, acueductos, puestos de salud, redes eléctricas y escuelas rurales. Entre tanto, tras la crisis del año 29 el nuevo modelo de desarrollo y la banca internacional, desestiman los ferrocarriles y cables para empezar a promover el sistema carretero y con él fortalecer la Demanda agregada, por lo que la Colombia andina, y en especial la región, entra a la era de la Chiva y el Yipao. Para entonces la economía y la vida de las comunidades de los pequeños pueblos y caseríos de las veredas de nuestra región, resultan pujantes, por lo menos hasta 1970.
Pero si en efecto, la zona cafetalera de Colombia por excelencia es la del área de influencia de las capitales de Caldas, Risaralda y Quindío, gracias al impacto inicial del Ferrocarril de Caldas y luego por el aporte integral de la organización de los productores cafeteros, tal como ocurrió en el caso de Medellín como consecuencia del Ferrocarril de Antioquia y su naciente industria, a mediados del siglo XX cuando Manizales ha celebrado su Centenario, la población de toda la región del Gran Caldas se ha polarizado por la vertiente occidental de la Cordillera Central, estableciéndose sobre el eje Manizales- Pereira- Armenia, donde ascendía a 421 mil habitantes, distribuidos en 21 poblaciones. Esto, mientras en la vertiente occidental del Magdalena donde está La Dorada, llegaba a 58 mil, y por la vertiente occidental del Cauca, donde están Marmato, Anserma y Riosucio, en el más mestizo de este territorio, sumaba 141 mil habitantes. Este hecho aunado a las consecuencias de un centralismo que desde la crisis de 1929 terminaba clonándose en las provincias, facilitará la escisión del Gran Caldas, al crearse los departamentos de Risaralda y Quindío en 1966, en el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1908-1994).
Pero si antes de la segregación del Gran Caldas el conjunto de poblados importantes y vigorosos que se distribuían a lo largo de la geografía de la ecorregión, gozó por varias décadas de los beneficios de una caficultura organizada y del alto efecto de la redistribución del ingreso, después de la segregación llega el caturra con los efectos de una revolución verde cuyos paquetes tecnológicos y financieros no pudieron ser asimilados por los campesinos, como propietarios de la próspera región: la consecuencia, sus tierras pasaron a manos de comerciantes y profesionales, entre tanto aquéllos migraron a la ciudad para no encontrar en ella el empleo y las oportunidades soñadas, justo en momentos en los cuales la reconversión tecnológica presentaba mayores exigencias y empezaba a modificar la estructura del empleo. Así es que la fisonomía de las capitales cafeteras cambia dramáticamente y su economía empieza un proceso acelerado de tercerización, en este período en que se da el ocaso de la sociedad industrial. En la medida en que se ha venido conurbando el territorio vecino a las capitales cafeteras, la racionalidad agropecuaria en la tenencia de la tierra, ha cambiado por otra relacionada con los potenciales usos del suelo urbano.
Aquí vale la pena señalar que en materia de infraestructura, la región presenta diferencias y asimetrías profundas: de un lado, las áreas urbanas de las capitales y municipios cercanos a estas, donde se concentra la infraestructura y el ingreso; y las zonas rurales lejanas a las capitales conurbadas, menos equipadas y en las cuales cambian las condiciones relativas según se trate de zonas cafeteras donde el transporte rural ha cumplido una función esencial como catalizadora de la reducción de la pobreza, dada la alta densidad de su red vial, o de las cuencas altas donde la baja densidad poblacional y la precaria conectividad del territorio afecta poblados rurales aislados, como Marulanda (Caldas) y Pueblo Rico (Risaralda). De esta particular circunstancia, el Quindío ha podido sacar ventaja al tener integrado su territorio, lo que no Caldas ni Risaralda, donde la Transversal de Caldas que integra el 40% del territorio y la Vía al Pacífico por Apía en Risaralda, en cada caso, podrán atenuar esta deficiencia, máxime ahora cuando se hacen grandes inversiones en sendos proyectos, por parte del gobierno departamental en el primer caso y de la nación en el segundo. Además en Caldas, La Dorada actúa como un escenario urbano cuyo promisorio futuro dependerá de la suerte de la recuperación y navegación del río Magdalena y de su conurbación con Honda, y con la segunda, de la implementación de un sistema multimodal de transporte como detonante del desarrollo del Magdalena Medio y la Nación, donde el puerto fluvial como infraestructura estratégica, apenas es un elemento facilitador de los procesos globales del desarrollo, impactado por dicho proyecto.
De la segregación a la integración
Hoy las tres ciudades capitales del Eje Cafetero que apenas suman 1.134.536 habitantes, campeonas del desempleo a pesar de su posición geoestratégica inexplotada, asociada a una ubicación de privilegio en el denominado “Triángulo de Oro de Colombia”, población que se distribuye en 388.525 habitantes para la capital caldense como la más septentrional de todas, en 457.103 para la del Risaralda como el pujante núcleo articulador del conjunto urbano, y en 288.908 para la del Quindío como la ciudad que ocupa la posición más meridional, conforman entre sí una ciudad región donde se comparten sueños y frustraciones. Unas y otras, aunque agravadas por el clientelismo e impulsadas por las ideas liberales desde las bases cafeteras, también son consecuencia de un conjunto de contradicciones surgidas antes, durante y después de la segregación del “Gran Caldas”, ya que los factores que explican este hecho de 1966, continuarán gravitando por los años siguientes, mientras se va construyendo una nueva identidad cultural en cada departamento, como elemento que facilite el aprovechamiento de los indiscutibles efectos positivos de una descentralización ya consagrada en la nueva constitución política de Colombia, la que logró darle una vida administrativa a los municipios de una Nación que había acentuado la inequidad del desarrollo con su viejo modelo centralista, medida que para surtir efectos deberá acompañarse de una descentralización del presupuesto general de la Nación.
5 - catedrales de las  capitales cafeteras
Templos mayores de Manizales, Armenia y Pereira. C de H de Manizales.
En la última generación -25 años-, la población de las tres capitales del Eje Cafetero ha crecido así: 41% en Manizales, 96% en Pereira y 60% en Armenia, crecimiento que pone en evidencia la asimetría en los niveles de conectividad interna y externa de los tres núcleos urbanos, cifras que muestran, primero, cómo evidentemente gravita la ventaja de Pereira como centro de la conurbación, y en segundo lugar las ventajas de la vía terrestre Bogotá-Buenaventura por Armenia. A modo de referente, en el mismo período, de 1985 a 2010 Medellín crece un 86%. Es que definitivamente la soledad de Medellín ha dejado en condición desfavorable a Manizales, sobre todo a partir de la apertura económica que se implementa en Colombia desde la reforma del año 1991. Ahora, con las autopistas de la Montaña, la integración del Eje cafetero y Medellín conurbará el conjunto y por lo tanto beneficiará a Manizales, ciudad que podría gozar de mayores beneficios si se da la conexión del sistema férreo, con el tren entre La Dorada e Irra para articular el sistema de carga de la Región Andina a la hidrovía del Magdalena y a los dos mares de Colombia.
Hoy, los nuevos desarrollos urbanos aún por implementarse en los planes de ordenamiento territorial del país, deben propender por la integración hacia adentro y hacia afuera de los núcleos urbanos. Esto es, las ciudades deben conformar sus áreas metropolitanas, articulando funciones que armonicen con las mejores competencias de los municipios periféricos. Igualmente las ciudades intermedias, una vez se conurben, deben integrarse para formar un clúster, con base en tres elementos: que las economías entre los centros urbanos en lugar de competir se complementen, que las distancias entre dichos centros se reduzca a menos de tres horas, y que los centros que interactúen tengan el mismo nivel de relevancia.
Y en la dimensión local, es evidente que Pereira ha logrado una conformación de un área metropolitana, lo que no ha podido lograr Manizales, ni Armenia que no ha sorteado con acierto las discrepancias con Calarcá. A pesar de todo, más por razones del destino, de la intuición y de la natural vocación, las tres capitales del Eje Cafetero han encontrado una forma de complementar sus economías para no palidecer más tarde bajo los efectos metropolitanos de Cali y Medellín, orientando la de Manizales hacia el sector industrial y académico, la de Pereira hacia el comercio, y la de Armenia al turismo. Para Pereira, la consolidación de un Clúster comercial y la metropolización del transporte urbano extendido hacia Manizales y Armenia soportado en un tren de cercanías que haga uso del corredor férreo del antiguo Ferrocarril de Caldas, al igual que la conectividad férrea en La Virginia donde se consolidaría una plataforma logística sobre un nodo que detonaría con el tren entre La Dorada y Buenaventura, parecen ser estrategias promisorias.
Pero el reto de Manizales debe empezar por ordenar y reconvertir su industria, orientándola a tres líneas específicas sobre las cuales todavía no existe una conciencia empresarial: uno, a industrias de alto valor agregado que hagan uso del transporte aéreo en un aeropuerto que supere las limitaciones regionales, tal cual lo propone Aerocafé extendiendo su pista a 3600 m para extender su mercado hasta 5000 millas; dos, a industrias que satisfagan el mercado nacional, renglón para el cual fueron concebidas cuando imperaba el modelo de sustitución de importaciones; y tres, a industrias químicas de base minera que deben ubicarse del lado de la materia prima y no del consumidor, las cuales pueden hacer uso de una vía que busque los mares como la que se propone con la hidrovía del Magdalena y con el Ferrocarril de Occidente saliendo a Urabá y Buenaventura. Aún más, la propuesta de fortalecer las capitales como ciudad región con vocación Universitaria y Eje del Conocimiento, además de desarrollar el sector servicios y la economía verde (biotecnología, ecoturismo…), además de las economías Naranja y de las TIC, hace viable este desafío siempre y cuando la academia se contraiga para cualificarse en áreas estratégicas, transformándose en universidades de conocimiento.
A su vez Armenia, ya ha logrado articular las fortalezas de la valiosa oferta ambiental del Quindío, dotándolo de una valiosa infraestructura de parques temáticos para constituirse en el segundo destino turístico de Colombia, y luego diversificar su economía aprovechando los beneficios de su condición de bisagra entre las cuencas del Cauca y Magdalena, y como nodo que enlaza la economía de Bogotá con la del Pacífico. Pereira a su vez, con el peso que adquiere al articular las economías de Manizales y Armenia, podrá sacar notoria ventaja al convertirse en el centro de una nueva conurbación entre Cali y Medellín, dado que las Autopistas de la Montaña y las dobles calzadas del Valle del Cauca facilitarán los hechos metropolitanos de esa gran ciudad-región, la que podrá ser vista como la conurbación más importante del Pacífico Latinoamericano cuando el desarrollo portuario de Colombia sea otro.
Y para cerrar, una mención a tres proyectos estructurantes que han quedado en este aparte: uno, el Ferrocarril Cafetero, un tren de montaña entre La Dorada y el Km 41 que integre la Región Andina para estructurar el sistema de transporte de carga de Colombia; dos el Aeropuerto del Café con pista de 3600 m para lograr impactar la región y hacer viable el Paisaje Cultural Cafetero, dado que Matecaña siempre estará limitado a aviones de mediano alcance; y tres, un puerto profundo en el Pacífico concebido en el marco del eje interoceánico Urabá-Cupica. El primero supone construir el nuevo Túnel Cumanday perforado en las granodioritas estables vecinas a Cerro Bravo, para que al articular esa vía férrea al Tren de Occidente, se pueda movilizar a menor costo un contenedor entre Bogotá y Buenaventura, y se facilite la salida del carbón andino al Pacífico colombiano. El segundo, como medio aéreo fundamental para resolver la condición mediterránea del Eje Cafetero, llegando a bajo costo a Asia, Norte América, Europa y el Cono Sur; y tercero la construcción de un canal interoceánico en el Chocó biogeográfico como corredor logístico en la interface de los dos océanos de la economía planetaria. Esto, siempre y cuando planifiquemos y gestionemos estos proyectos, no viéndolos como simples inversiones en infraestructura, sino como verdaderos catalizadores del desarrollo nacional, y particularmente como expresión de la gran conurbación que ya se advierte en el occidente colombiano entre Cali y Medellín, con el Eje Cafetero como su elemento urbano integrador, articulado también al Magdalena Centro con su hidrovía.
Retos y enfoques para la agenda
Es evidente que la sociedad de hoy reclama un Estado que debe implementar políticas sectoriales, culturales y educativas en el nivel local, atender con urgencia los desafíos ambientales y de pobreza e inequidad, y de paso erradicar la corrupción y adecuar de forma coherente el ordenamiento territorial de conformidad con la oferta cultural y natural de las regiones, y en atención a su problemática social y ambiental.
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Mapa de Manizales en 1970. Planoteca UN
Pero sabemos que estos no son los tiempos de la sociedad industrial, del Estado solidario que expande sus beneficios gracias a los postulados Keynesianos, ni de unas fuerzas productivas soportadas en procesos intensivos en mano de obra. Ahora son los tiempos de la sociedad del conocimiento en la cual la estructura del empleo ha cambiado, así esta nueva sociedad sea más competitiva y se encuentre espacial y socialmente fragmentada. Pero en el caso de Colombia, cada vez más transmutada por la tecnología y donde el conocimiento ya alcanza el mayor protagonismo entre los factores de producción, ha quedado al servicio del mercado y por lo tanto de espaldas a las grandes necesidades de una Nación, donde la pobreza y la fragmentación social imponen otras prioridades. Luego, el nuevo empleo que ya no se basa en destrezas manuales y fuerza muscular, sino en el desarrollo de competencias intelectuales para articularlo a procesos intensivos en tecnología, deberá soportarse en la educación, implementando otro modelo educativo que desarrolle el talento humano, la creatividad y la inteligencia social y emocional, como factores requeridos para el emprendimiento y la innovación.
Ahora, si partimos de la premisa de que el enfoque holístico, prospectivo y democrático de la planeación y del ordenamiento del territorio, no es suficiente para lograr el desarrollo entendido como crecimiento sostenido con irrigación de los beneficios del progreso, es porque desconocemos que mientras no se priorice la acción del Estado en la formación del capital social, frente al crecimiento económico, y mientras no se equilibre la inversión en infraestructura social con la inversión destinada al impulso de las fuerzas productivas, no se estará situando a las personas en el centro del desarrollo.
Y admitiendo que el desarrollo humano consiste en un proceso educativo, entonces para cerrar la brecha de productividad entre los medios rurales y urbanos, lo que incluye la brecha existente entre productores rurales y empresarios agroindustriales, urge emprender un desarrollo educativo y cultural que haga factible una reconversión del sector agropecuario, orientada hacia modelos de producción limpia, donde saberes, conocimientos, aprendizajes y experiencias se integren a un desarrollo social y cultural de una región que no resulta ser tan homogénea como se ha pensado, al definirla como cafetera: esto es, se propone re-significar y re-elaborar el conjunto de símbolos y valores del patrimonio que da soporte a la identidad de un territorio biodiverso, mestizo y multicultural, dado que: en la Alta Cordillera de nuestra ecorregión los símbolos de la identidad se relacionan con el pasillo, el páramo, el bahareque de tabla, el sombrero aguadeño y la ruana de Marulanda; en el Magdalena Centro, con la navegación por el Magdalena, la Expedición Botánica, el bunde y la guabina, el rancho de hamacas y la subienda de nicuros, bagres y bocachicos; en Marmato, Supía y Riosucio, con la cultura indígena de las comunidades Embera y Umbra, y con la minería del oro y el carbón, nutrida del significativo aporte de las comunidades afrodescendientes, y con los currulaos en esta tierra de artesanías, panela y café. Existe más novela y poesía en el oro que en el café.
Y en el caso específico de Manizales, para mitigar el impacto que pueden tener los desaciertos y controversias de hoy sobre la confianza de la sociedad civil, respecto a las potencialidades de la ciudad y su región, miremos la capital como una urbe que gracias a su potencial cultural y natural, tiene la capacidad de emerger de sus desgracias y derrotas, haciendo uso del civismo de la gente, tal cual lo registra su historia con incendios, terremotos, erupciones volcánicas y otras acciones mucho más devastadoras, consecuencia de la despiadada acción humana sobre los bienes comunes o públicos. Al fin de cuentas, la civilidad es el valor supremo de la cultura urbana.
Fuentes Bibliográficas.
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Paisaje Cultural Cafetero PCC. Gonzalo Duque Escobar. Recopilación de artículos. http://godues.wordpress.com/2012/03/22/
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Por la educación y la cultura en el pacto de gobernanza. Duque Escobar, Gonzalo (2010) La Patria. http://www.bdigital.unal.edu.co/2278/
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Territorio y Región: Caldas en la Ecorregión Cafetera. Duque Escobar, Gonzalo (2014) Manizales. http://www.bdigital.unal.edu.co/39441/
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Una urgencia del ordenamiento urbano. Duque Escobar, Gonzalo (2010) La Patria. http://www.bdigital.unal.edu.co/1898/
Viajes por los Andes colombianos: (1882-1884). Hettner, Alfred. (1976). Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango. Colombia, En http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/
Manizales, 25 de noviembre de 2010.
* Profesor Universidad Nacional de Colombia y Miembro de la SMP de Manizales. http://godues.webs.com

domingo, 21 de noviembre de 2010

NUESTROS MARES EN LA ECONOMIA PLANETARIA


Por Gonzalo Duque Escobar *


Hoy que se inicia en Pereira el seminario-taller “Puerto, Ciudad y Territorio” con Tribugá como telón de fondo, empiezo como en mi curso de Economía del Transporte diciendo que el 90 por ciento de la economía del mundo se desarrolla sobre los mares, y que puertos y aeropuertos además de ser los mayores empleadores del planeta, son la expresión urbana de la economía de las naciones. Pero en el mar de Balboa la precariedad de Buenaventura lo dice todo de Colombia, no sólo por las condiciones oprobiosas con las que saldamos la deuda de esclavitud, el saqueo de la riqueza chocoana, la exclusión que señala nuestro Ministro del Transporte y la destrucción de la cultura ancestral, sino también por un monopolio portuario causa estructural de la ineficiencia de este nodo del transporte. Cuando en 1914 se inaugura el Canal de Panamá, ingresa el Ferrocarril del Pacífico a Palmira: ambos hechos le significaron a la “Negra sirena del mar” multiplicar por cuatro el volumen de carga movilizada concluyendo la década de 1920, al constituirse en puerta directa de la emergente economía cafetera del país, gracias a los ferrocarriles cafeteros como motor del poblamiento del centro occidente colombiano, medio cuyo impacto resulta comparable al del Canal de Panamá.

Mientras el ingreso de los EEUU de América al Siglo XXI contempla la entrega del Canal a Panamá, los colombianos lo hacemos modernizando nuestros puertos, primero en Cartagena y luego en Buenaventura, adecuándolos para barcos de hasta 5000 contenedores denominados Pánamax: las mayores naves que transitan el lugar y los mares en los que el flete contenedor-milla cuesta 10 centavos de dólar. Pero si la entrega del Canal no respondió a un gesto solidario del país del norte, lo grave del asunto es que aquí creímos posible la modernización de nuestros puertos igualándolos a las condiciones de Panamá, cuando lo que hicimos fue mejorarlos sin dar en la fórmula clave para entrar a los mercados de la economía global. Es que las nuevas generaciones de naves para las rutas troncales del comercio interoceánico han pasado de los mares a los océanos, primero con los Pospánamax y ahora con una tercera generación de barcos de 12500 contenedores, los Superpospánamax que ofrecen fletes de 2 centavos contenedor-milla, cuantía equivalente a la mitad de sus antecesores y cinco veces inferior a la de los Pánamax.

Ahora, mientras las nuevas rutas interoceánicas entre Asia y Europa han dejado a Panamá para ir al norte tras un paso usando los FFCC costa a costa de los EEUU ya depreciados, y Colombia intenta resolver su falta de visión marítima saliendo de la era de los veleros para quedar anclada en 1914, Panamá avanza recuperando su protagonismo al emprender gigantescas inversiones para ampliar su Canal y adaptarlo a los gigantescos barcos: ampliará exclusas, reutilizará el 40 por ciento de las aguas del Lago Gatún, profundizará sus puertos, construirá una isla, y seguramente complementará su sistema ferroviario. Entre tanto, los pequeños y medianos barcos de fletes más costosos, quedarán relegados a los mares con funciones alimentadoras y de reparto. Todo esto, sin riesgo para los intereses norteamericanos, ya que el comercio marítimo global crece a ratas que duplican el PIB mundial, lo que supone espacio para todos, incluidos Panamá y Suez su tradicional competidor, y de decidirnos, nuestro país como alternativa de complemento.

Y como la cuenca del Pacífico genera 2/3 del PIB planetario y la del Atlántico el 1/3 restante, para resolver la anemia económica de Colombia aprovechando nuestra posición geoestratégica, las propuestas con mérito deben contemplar en Tribugá y Urabá sendos puertos profundos articulados por un ferrocarril con túnel en la Serranía del Baudó , para establecer un canal seco entre los dos océanos con el objeto de atraer una ruta troncalizada de las que sueña recapturar Panamá. Esta alternativa podría ser mejor que la de un puerto aislado que no podrá garantizar per se la operación de aquellos nuevos monstruos de los mares con esloras de 398 m, mangas de 56 m y calados de 16 m, cuyos 12500 contenedores o más deben cargarse o descargarse en horas. Con un solo megapuerto dependeremos de otros flujos ya que Colombia, cuya economía se basa en carbón y petróleo, difícilmente mueve 2 millones de contenedores por año en los dos puertos citados. De ahí la propuesta del eje Tribugá-Urabá con los mayores desarrollos urbanos al norte como fórmula para no comprometer la fragilidad del Chocó biogeográfico, y la opción del ferrocarril con túnel por la misma razón medioambiental y por ofrecer este modo fletes tres a cuatro veces inferiores a los del transporte carretero.

[Ref: LA PATRIA, Manizales, 2010-11-22] * Profesor Universidad Nacional de Colombia http://www.galeon.com/gonzaloduquee

Relacionado:
Pacífico colombiano, en http://gduquees.blogspot.com/2012/12/pacifico-colombiano.html

martes, 16 de noviembre de 2010

200 años de ciencia

La Patria, Opinion/ Jorge Raad Aljure/ 2010-08-24 00

El profesor de la Universidad Nacional de Colombia y actualmente su rector, doctor Moisés Wasserman Lerner, hizo una serie de reflexiones sobre la ciencia en Colombia durante la etapa republicana en el marco de la Cátedra del Bicentenario de la Universidad Nacional, en Manizales, en los que analizó 200 años de historia en una extraordinaria conferencia.

Pocos rectores como él. La rectoría, designación justa, ha sido para él la culminación de una larga y productiva vida académica que le permite una visión especial de la ciencia en Colombia, por cuanto el profesor Wasserman ha sido uno de los investigadores importantes de la Universidad. No llegó para escamparse, y menos para utilizar su cargo como un trampolín, de lo cual el país tiene ejemplos dolorosos.

El rector Moisés Wasserman dividió sus consideraciones en cinco momentos: La independencia; los primeros años de la República; la Comisión Corográfica y la Universidad Nacional; la consolidación de la institucionalidad científica refiriéndose a la Academia e Institutos de Investigación y finalmente, Colciencias y el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología. Cada punto fue tratado magistralmente, como él lo sabe hacer, con la ecuanimidad que acostumbra y con los énfasis que él considera necesarios y oportunos.

El documento leído por el profesor Wasserman merece ser conocido por todos aquellos que transitan por la academia, por quienes desde afuera tienen lazos con ella, o por aquellos que indirectamente observan y analizan los proyectos y resultados de la ciencia y la tecnología en Colombia.

Entre las seis conclusiones del profesor Wasserman, se debe señalar la primera en la cual anota la importancia de las personas, hombres y mujeres, de ciencia en la conducción del Estado. Es enfático en afirmar que la exterminación sistemática de los científicos de pensamiento avanzado en los inicios de la nación, no se puede revertir. En cambio, a ellos hay que aprovecharlos ahora porque tienen mejores instrumentos tanto para la dirección estatal como para el asesoramiento. Hay que agregar como colofón que sus acciones deben estar dirigidas a quienes ostentan el poder administrativo, financiero, legislativo y político.

Esta posición no es nueva pero adquiere caracteres trascendentales por venir de él. Wasserman no es proclive a las complacencias. Por lo tanto, tiene el conocimiento, la experiencia y el respaldo moral para pronunciarse como lo ha hecho.

Hay que agregar que también en la empresa privada el mecanismo debe ser igual, y que cuando lleguen los hombres de ciencia ya no será únicamente el sistema de mercado el que maneje la vida de los colombianos, pues existirán otras probabilidades para el futuro, sin las limitaciones de lo inmediato y sin la tardanza de un tiempo tan prolongado que las generaciones que hoy se estructuran, o las que vengan enseguida, no se beneficien de ello.

El país y sus regiones no pueden menospreciar a sus científicos. Ellos se han preparado para una actividad en donde sus criterios son eminentemente técnicos y les corresponderá a otros las decisiones, pero con el fundamento de que se debe hacer bien todo lo que se les encomiende. Ahora, no todos los que pretenden ser científicos lo son. Entre los que se autodenominan así, hay charlatanes y embaucadores que buscan otros objetivos.

Las grandes decisiones nacionales, regionales y locales, serían más fáciles, de mayor proyección y estabilidad, si se consultan con quienes poseen el conocimiento y la experiencia de ciencia y tecnología, las cuales no son propiedad exclusiva de unos pocos o de una que otra entidad. El abanico de las posibilidades es muy amplio.

El país no puede regresar al pasado ni mantener en el olvido a sus verdaderos científicos. Son necesarios, pero para ello debe exigir una cualificación excelsa en sus hombres de ciencia. Los verdaderos investigadores no se hacen en fines de semana, ni en investigaciones de minutos, ni de coyunturas.

Otra conclusión demoledora y verídica radica en su anotación que una cosa es el discurso de los mandatarios, aquí hay que hacerlo extensivo a todo el país, va por un camino y los resultados en presupuestos para ciencia y educación van en sentido contrario. Es la diferencia entre el populismo y el gobierno serio.

Nota: La nueva reglamentación sobre Hospitales Universitarios es compleja, pero no por ello la Universidad de Caldas debe ignorar su deber institucional.

Relacionados:
Cultura & Astronomía (C&A)
La Astronomía en Colombia: Perfil Histórico

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domingo, 14 de noviembre de 2010

LAS LECCIONES DEL RUIZ A LOS 25 AÑOS DEL DESASTRE DE ARMERO

 



 
Por Gonzalo Duque-Escobar*


Resumen:

Este trabajo intenta dar respuesta al objetivo propuesto de compartir lo que significó la erupción del Volcán Nevado del Ruiz hace 25 años y las lecciones aprendidas a raíz del desastre de Armero. El contenido, así: Hipótesis para el Prefacio, El alba de la coyuntura, Luces y sombras de la tragedia, Noche de muerte y destrucción, y Epílogo. Entre los logros señalados, además de reconocer los avances en el campo de la vulcanología de Colombia y el esfuerzo y capacidad de quienes tienen a cargo la vigilancia volcánica, se señala el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres y el que muchos municipios incorporen en sus planes de Ordenamiento Territorial la dimensión del riesgo; pero faltan avances en la dimensión regional del ordenamiento territorial y el ordenamiento de cuencas, resolviendo los usos conflictivos del suelo, además de resolver el retraso cartográfico del país donde falta información en temáticas, actualizada y a escala de detalle. Los mapas de amenaza volcánica, hoy, que solamente se están utilizando para el manejo de las crisis, deben usarse para resolver la vulnerabilidad y la exposición a la amenaza, desde la ocupación del territorio.
 
Hipótesis para el Prefacio
 



Fotografía del V.N. del Ruiz. Jaime Duque Escobar
Una vez más nos hemos congregado para conmemorar una dolorosa fecha, con la intención de hacer un balance del que se deriven lecciones a partir de las experiencias científicas en torno a un desastre que, según mi convicción, pudo ser por lo menos mitigado, aunque para entonces el Estado no contaba con políticas ambientales ni de planificación ligadas a la dimensión de los riesgos, y que nuestra sociedad tampoco había desarrollado esa cultura que demanda la adaptación a dichos fenómenos. Al estar desprovistos de instrumentos que proveyeran la capacidad efectiva de intervenir, se dejó a su suerte a decenas de miles de pobladores expuestos, y en sumo grado vulnerables, sobre un escenario severamente amenazado por una erupción claramente anunciada, donde las acciones locales y nacionales de los diferentes actores sociales, resultaron asimétricas y fraccionadas.
Si bien ese es el fundamento de la hipótesis que presento, a mi juicio existieron otros factores contribuyentes, cuya intervención pudo desmovilizar o neutralizar de forma oportuna los precarios activos del Estado, previstos para prevenir la tragedia. Entre ellos las ideas que me asaltan, discutibles si se quiere por quedar en el plano de las impresiones, es que pudieron más los intereses locales de quienes, preocupados por la economía, reclamaban la “desgalerización” de la ciudad - término ahora aplicado en Pasto frente a las crisis del volcán Galeras-, y la irresponsabilidad de funcionarios clave justificándose en flacas y tardías acciones que desatendieron las oportunas recomendaciones de calificados expertos de la entonces Oficina de las Naciones Unidas para el Socorro en caso de Desastres UNDRO, para terminar calificando de apocalíptico el clamor de notables líderes locales, entre otros factores que finalmente restringieron al ámbito académico las inequívocas señales del volcán, tales como la cenizada del 11 de septiembre de 1985, además de la información obtenida de la historia eruptiva del volcán y el mapa preliminar de amenazas elaborado un mes antes de los acontecimientos, entre otras tareas así provinieran de un grupo inexperto, del que hicimos parte al lado de varios compañeros que hoy faltan, solo por haber entregado su vida en acciones científicas al servicio de la sociedad.
En dicha historia, la del volcán, el insigne investigador Jesús Emilio Ramírez S.J. en su obra Historia de los Terremotos de Colombia (1983), describía las erupciones del Ruiz de 1595 y 1845, dando cuenta de sendos flujos de lodo que se esparcen en el valle de salida del Lagunilla, hechos que coincidirán con lo acaecido en 1985, solo que para entonces no existía la población de Armero. Los trabajos de Darrel G. Herd (1974) sobre vulcanismo y glaciación del complejo volcánico, sumados a los de Franco Bárberi para la investigación del proyecto geotérmico del cual participé, definitivamente le daban cimientos a las proyecciones del riesgo derivadas del reconocimiento histórico del Padre Ramírez.
Si bien el motivo que nos congrega es reflexionar para construir como colectivo, mi aporte partirá de lo que ya he consignado hace cinco años para similar propósito, en “Las lecciones del volcán del Ruiz a los 20 años del desastre de Armero” (2005), de nuevas reflexiones hechas a partir de la lectura de los desastres naturales que continúan surgiendo en la geografía del convulsionado país, además de las experiencias ya vividas con la coyuntura volcánica en los dramáticos sucesos de 1985, e incluso de las acumuladas desde el año 1979 cuando participaba de las investigaciones del potencial geotérmico del complejo volcánico Ruiz - Tolima, emprendidas por la Central Hidroeléctrica de Caldas, CHEC.
 
El alba de la coyuntura
 



Complejo Volcánico Ruiz – Tolima. Departamento de Geotermia, CHEC
 
Para empezar, un poco de historia sobre los antecedentes correspondientes a un primer período de esas inequívocas señales entregadas por el volcán, el de los meses previos a las erupciones del 11 de septiembre y 13 de noviembre de 1985.
La reactivación del Volcán Nevado del Ruiz se advierte desde el 22 de diciembre de 1984, y las primeras advertencias se vierten a Ingeominas iniciando 1985 con las recomendaciones de John Tomblin como responsable de la UNDRO, invitado para el caso a Colombia. Dos meses después se pública la noticia en el diario local La Patria, donde se dan a conocer los hechos, advirtiendo que la actividad de las fumarolas no eran motivo de alarma.
El 23 de marzo de 1985 realizamos un seminario abierto y concurrido en el Aula Máxima de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales, en el que se informa sobre una reactivación del Volcán, sus erupciones históricas y los riesgos, y los posibles eventos esperados frente una eventual erupción. Todo esto se consigna en el Boletín de Vías y Transportes Nº53, donde se publica el resultado de un trabajo científico previo adelantado en el cráter Arenas del volcán por nuestro grupo de trabajo, compuesto por expertos voluntarios, por profesores de las universidades Nacional y de Caldas, y por miembros del Departamento de Geotermia de la Central Hidroeléctrica de Caldas CHEC, labor cuyo propósito era mapear el cráter activo, describir la actividad fumarólica, generar una información adecuada para dar respuesta a las crecientes inquietudes de la comunidad, y sugerir lo que fuera del caso.
En mayo se recibe la visita del científico Minard L. Hall como delegado de UNDRO, quien reclama de nuevo la atención a las anteriores recomendaciones de la organización, expresa su preocupación por la persistente actividad del Ruiz, y de paso señala la necesidad de acometer una gestión para la atención oportuna del riesgo priorizando las zonas habitadas, mostrándonos en el lugar el potencial de flujos de lodo del edificio volcánico, consecuencia de los glaciares y materiales de arrastre, disponibles.
En julio, cuando ya se empieza a percibir el olor a azufre en Manizales, ciudad localizada 30 km al oeste del cráter Arenas, luego de intentar infructuosamente durante los meses precedentes obtener unos sismógrafos para iniciar el monitoreo del volcán, y de haber recurrido al Cuerpo Suizo de Socorro para conseguirlos por otra vía, gracias a una gestión iniciada por Hans Meyer desde el Observatorio Sismológico del Sur Occidente OSSO de la Universidad del Valle, se establece Ingeominas aportando los cuatro sismógrafos y justificando su tardanza en la dificultad que tuvo para conseguir las piezas de repuesto; el hecho en sí y la justificación, permiten mostrar la “importancia” que se le daba al asunto en Bogotá.
En agosto llega el científico Bruno Martinelli como respuesta del Cuerpo Suizo de Socorro, a solicitud del Gobernador de Caldas y del Alcalde de Manizales, tras un mes de preparativos en el cual se decidió desarrollar la tecnología requerida, buscando adaptar los sismógrafos para operar en ambientes a temperaturas bajo cero grados, lo que suponía hacer uso de la electrónica militar. Indudablemente estos meses perdidos al lado de la inexperiencia que nos asistía, serán una de las causas más relevantes en el trágico desenlace de los acontecimientos.
Entre las actividades emprendidas por el grupo de geotermia, si antes interesaba la composición de las aguas termales y su estabilidad fisicoquímica, para inferir el ambiente de presión y temperatura alcanzado en el reservorio y su relevancia o tamaño, para el riesgo volcánico el objeto ahora debía ser el monitoreo geoquímico de los fluidos de la actividad fumarólica del cráter, para inferir de su composición eventuales procesos de despresurización del sistema o ascensos del magma, como consecuencia de la volatilidad decreciente de los elementos C, S, CL presentes en los gases, fenómenos que suponíamos podrían contrastarse con la ubicación y eventual migración de los focos sísmicos, energía sísmica liberada y tipología de señales sísmicas, y con las variaciones en el tiempo de la magnitud y extensión espacial del campo de deformaciones en el cono volcánico, como expresión del campo de esfuerzos generado por el magma.
Para información de Ustedes, varios de los que actuábamos éramos de algún modo parte del equipo organizado desde 1979 por Ariel César Echeverri de la CHEC, con la misión de investigar el potencial geotérmico del Ruiz; la mayoría ingenieros con 500 horas de instrucción en Geofísica impartida entre los años 1983 y 1984 por eminentes profesores de las escuelas italianas de Nápoles y Pisa, y dos miembros del mismo con estudios en Geotermia. Del equipo hacíamos parte, entre otros, Néstor García Parra QEPD, la geóloga Marta Lucía Calvache y Bernardo Salazar Arango, como miembros del Departamento de Geotermia de CHEC, además del grupo de geoquímica de aguas termales de la Universidad Nacional de Colombia, liderado por la Profesora Adela Londoño Carvajal.
 
Luces y sombras de la tragedia
 



Cráter Arenas del Volcán Nevado del Ruiz. Ingeominas
Estando presto a salir Bruno Martinelli para Suiza donde se evaluaría la información fruto del trabajo de este geofísico de enorme dimensión humana, quien un mes antes había cambiado un volcán de África, el Niragongo, por el de este escenario colombiano, al medio día del 11 de septiembre se produce una erupción freática en el Ruiz, cuyas cenizas llegan a Manizales para despejar las dudas de los más escépticos. Confieso que, si bien desde 1979 estábamos investigando el tema de los volcanes, el evento nos llevó a esa extraña dimensión que señala Lévi-Strauss en Tristes Trópicos, dado que frente a semejante fenómeno estábamos como quien cree saber de un extraño lugar porque colecciona sus imágenes, y al que no ha viajado para sentir su compleja naturaleza y experimentar su carácter.
Esta erupción del 11 de septiembre, que se hace sentir en la ciudad y que genera pequeños flujos de lodo que cierran la vía a Murillo por el costado norte del Ruiz, le da la connotación suprarregional al riesgo, y sobre todo detona la ya aplazada confección del mapa de amenazas del Ruiz. De lo ocurrido en ella, a finales de ese mes el equipo de Ingeominas pudo establecer, no sólo la velocidad del pequeño flujo de lodo, sino también la certeza de su ocurrencia en caso de una erupción mayor, dato importante para estimar el tiempo disponible para evacuar a Armero. Igualmente Ingeominas informa de un represamiento del río Lagunillas en la vereda El Cirpe, consecuencia de actividades mineras, como elemento fundamental que vinculará al imaginario de esos pobladores a la amenaza temida con la suerte de Armero, así la magnitud de este represamiento, de tan solo 200 mil m3, no compitiera con el tamaño y alcance espacial de los lahares históricos y por venir.
A modo de información: desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX, hubo un período frío en el hemisferio norte de la Tierra, con tres máximos: 1650, 1770 y 1850. Esta pequeña edad del hielo expandiendo los glaciares, sumada a la magnitud de las erupciones históricas del Ruiz ocurridas en 1595 1845 y 1985, cuyos volúmenes se estimaron en 1 Km3, en 2 Km3 y en 1/10 de KM3 de magma, en su orden, podría explicar la notoria superioridad de las riadas de 1845 al comparación los tres flujos de lodo. Igualmente, al contrastar los volúmenes señalados con los períodos de 250 años y de 150 años que separan los tres eventos, también se podría inferir que la magnitud esperada de una erupción del Ruiz en la actual fase de reactivación, debería ser por lo menos del orden de 1 Km3. Y aunque el citado lahar vertido donde se fundaría Armero tres años después, en 1848), se correspondió con un evento dirigido de ángulo bajo cuyos depósitos se registran en los taludes de la vía a Armero, habrá que añadir también, primero, que la erupción más probable que se debe esperar del Ruiz, donde las lavas son de coeficiente explosivo bajo, sería del tipo pliniano, con una columna de erupción vertical sostenida, y no de colapso como lo han sido las del Cerro Machín y Cerro Bravo; y segundo, que el período de reactivación del Ruiz podría extenderse décadas, tal cual se infiere de los antecedentes de la erupción ocurrida en 1595, puesto que en un mapa de mitad del siglo 16 aparecen registrados como “Vitoria” y “Bolcán”, dos lugares: el poblado recién fundado de “Victoria” vecino a Mariquita y el “Volcán” Nevado del Ruiz en lo alto de la cordillera, cuya actividad debió hacerse notar desde esa fracción del valle del Magdalena.
Tras el evento, se crea el Comité de Estudios Vulcanológicos de la Comunidad Caldense bajo la coordinación de Pablo Medina Jaramillo, con la secretaría científica de José Fernando Escobar Escobar como coordinador de Ficducal, fundación que reunía a las cinco universidades de Manizales y cuyas actas juiciosamente recolectadas por él, dan testimonio de las actividades y esfuerzos de diferentes instituciones y autoridades de la ciudad buscando darle buen trámite a una preocupante crisis que no encontraba el eco esperado en el gobierno central. Como ilustración: cuatro meses antes de la catástrofe aparece la famosa carta de la Jefe de la Oficina de Relaciones Internacionales del Ministerio de Educación, ofreciendo su mediación al gobernador de Caldas para que se le solicite por ese conducto a la Unesco “evitar que el volcán del Ruiz se reactive”.
A finales de septiembre, además del histórico debate del parlamentario Hernando Arango Monedero, calificado de apocalíptico en una respuesta del ministerio que se justifica con un pálido balance de acciones insustanciales, el citado Comité que también recibe las advertencias de UNDRO sobre la posible ocurrencia de flujos de lodo por el rio Chinchiná, entre otros eventos de menor relevancia para Manizales, conoce del Censo efectuado por Corpocaldas a lo largo del drenaje de este y sus tributarios, y revisa una carta del Gobernador de Caldas para solicitarle al gobierno central acciones para atender la problemática. En ese estado de cosas, recuerdo haber solicitado incluir en ella tareas de preparación para la comunidad expuesta en las zonas de alto riesgo, y llamar la atención al gobierno para proveer lo que se requiriera para los evacuados, incluyendo las personas que moran dentro de un radio de 10 Km y los pobladores de Armero, además de los censados.
Para entonces, los temidos tremores del volcán identificados finalmente por Martinelli y reportados ahora por el equipo de sismología, a juicio de éste resultaban preocupantes; la columna de vapor alcanzaba alturas sostenidas que superaban los 10 km y se implementaban estrategias informativas que hacían uso del manual de UNDRO para el debido manejo de las emergencias volcánicas. Además, la ya visible exacerbación de la actividad fumarólica, era interpretada por el grupo de geoquímica como evidencia de que se empezaban a generar los efectos decisivos previstos por W. Giggembach sobre el tapón del cráter Arenas, y con ellos una posible reducción en la presión del sistema que conduciría a la erupción.
Entrado Octubre, cuando en tan corto tiempo son notables los avances alcanzados en la confección del mapa de riesgos encomendado al equipo de geólogos de Ingeominas y la Universidad de Caldas, y por la implementación del modelo metodológico y teórico propuesto por W. Giggembach útil para la evaluación de la dinámica preeruptiva en función de la volatilidad de los componentes gaseosos de los fluidos volcánicos, entre otros: faltaba monitorear la topografía del edificio volcánico para advertir las posibles deformaciones causadas por incrementos en el campo de esfuerzos de darse el ascenso del magma. Entonces se concretan gestiones en el Comité para satisfacer las deficiencias e incertidumbres sobre un proceso urgido de complementos instrumentales y conceptuales, como son traer hasta Manizales a Franco Barberi desde Italia, a Rodolfo Van der Laat desde Costa Rica y a Minard L. Hall desde Ecuador. Incluso a Darrel G. Herd, quien en concurrida conferencia en el Teatro 8 de Junio en la Universidad de Caldas desestima la ocurrencia de un desastre en caso de erupción, a pesar de haber señalado en el Comité la importancia de las tareas que hacíamos en virtud de riesgo existente.
Iniciando la segunda semana de octubre, aparece la versión preliminar del mapa de Riesgos Potenciales del V. N. del Ruiz, del Ingeominas, donde además de consignarse la historia del volcán se señalan las amenazas, entre las que se incluyen flujos de lodo de hasta medio centenar de metros de potencia dependiendo del nivel de riesgo de las zonas, asignándoles una probabilidad del 100% en caso de erupción importante: riadas que alcanzaban en dicha cartografía todas las zonas que efectivamente se bañaron de lahares, entre ellas Armero; y también caída de cenizas de alguna severidad con una probabilidad de 2/3 extendiéndose solamente sobre una zona orientada hacia el noreste del cráter, y que por lo tanto excluía de caída de piroclastos en sectores del occidente, omisión para la que sugerimos considerar el cambio de la dirección de los vientos regionales entre el verano y el invierno, relacionado con la dinámica del clima bimodal andino, lo que se comprobaba con las cenizas que alcanzaron a Cartago en 1595 y el 11 de septiembre de 1985.
Entre tanto las labores del monitoreo rudimentario continuaban, confiados en que a falta de un sistema telemétrico, el volcán se anunciaría a distancia, y que uno de nuestros miembros que permanecía en el lugar: el Ingeniero Bernardo Salazar Arango, quien exponiendo su vida observaba los sismógrafos allá para tener información en tiempo real, informaría por radio de cualquier evento de carácter sorpresivo: ambos, volcán y hombre, cumplieron a cabalidad pero la última señal no fue suficientemente interpretada, como tampoco las que ya había dado el volcán.
Hasta aquí la corta extensión espacial y temporal del monitoreo sismológico y geoquímico, donde gravitaba la falta de observaciones de otras variables físicas como las deformaciones que dependían de medidas geodésicas no implementadas, y a que las observaciones morfológicas del cráter y el muestreo de gases que no podían resultar sistemáticas a causa de las dificultades y condiciones ambientales, resultaban insuficientes: todo este acerbo impedía generar una línea de base para el volcán, como instrumento con el cual se permitiera diagnosticar con suficiente aproximación, el grado de anormalidad de los fenómenos observados.
Recuerdo cómo un día antes de la erupción, el grupo de geotermia descendió por última vez al fondo del cráter para tomar otra muestra de los gases, intentando capturarlos en las fumarolas antes de que emergieran y entraran en contacto con el aire, para malograrse. En esta riesgosa expedición que incluía la tarea adicional de observar posibles dinámicas morfológicas, no se reportaron cambios significativos del cráter. Pero al día siguiente, el de la erupción, siendo las 7: 30 PM cuando procedíamos a dar inicio al análisis geoquímico en el Laboratorio de la Universidad Nacional, observábamos las muestras obtenidas con un aspecto turbio inquietante, asunto este que sumado a lo del día, permite calificar la imposibilidad que teníamos de aventurar un pronóstico eruptivo.
 
Noche de muerte y destrucción
 



Armero 1985. armeroguayabal-tolima.gov.co
Y a los pocos días de haber concluido la elaboración del mapa de amenazas, a pesar de la caída de cenizas que desde horas de la tarde afectaba a Armero, de las llamadas al cuerpo de bomberos de la “Ciudad blanca” efectuada desde uno de los municipios cordilleranos, de haberse informado el inicio de la erupción por la doble vía que se esperaba: la del volcán y la del hombre: los flujos de lodo, estimados después en 100 millones de metros cúbicos, descendieron raudos desde los glaciares del volcán nevado y avanzaron arrasándolo todo, hasta alcanzar los poblados ubicados en los valles de salida de los ríos; pero la población no fue evacuada. Por la vertiente del Cauca las riadas tardaron más de una hora hasta Ríoclaro y parte del Chinchiná, y por la del Magdalena, unas dos horas hasta Armero transitando por la cuenca del Lagunillas, y dos horas hasta las partes bajas de Mariquita primero para seguir luego a Honda, por el Gualí. En Armero los lahares, masas donde participan agua y sólidos por mitades, cubrieron con 2 m de lodos unos 30 km2 del valle en varias direcciones, incluida la norte ajena a este drenaje.
Y como me he preguntado ahora: ¿por qué antes del 13 de noviembre no se produjo ninguna acción, ante la advertencia expresa de que en caso de una erupción, Armero sería borrado por una avalancha? -esto de conformidad con lo que el mapa oficial mostraba desde su primera versión de inicios de octubre, así fuese preliminar-. Posiblemente el trabajo que emprendimos a la fecha fue tomado como un simple ejercicio académico, o también, la sistemática preocupación por la información que se daba en la prensa, dudosamente calificada de alarmista, terminó con sus voces por apagar las luces de sensibles periodistas, y con ello por desmantelar una estrategia que pudo contribuir a la apropiación social de la prevención del desastre.
Calificados expertos de varios países, después de recopilar la información sobre los antecedentes y analizar los hechos, coincidieron en denominar ésto como una catástrofe anunciada, mientras aquí unos y otros rompían sus vestiduras amparados en la imposibilidad de predecir el comportamiento de un volcán, para desconocer los pronósticos y decir que la suerte padecida por unos 25 mil colombianos, fue culpa de la indómita naturaleza.
En comparación con los eventos históricos del Ruiz, acaecidos en 1595 y 1845, la segunda entre las tres parece haber generado los mayores flujos de lodo, y la que nos ocupa resultó ser la de los lahares más modestos y la erupción de menor magnitud. Además, si bien la erupción de 1985 fue calificada de subpliniana, al cobrar unas 25 mil vidas queda la lección para no subestimar estos eventos, dado que la del Ruiz (1985) con apenas 1/10 de Km3 de magma aportado, con las 25000 vidas cobradas se ubica en el tercer lugar entre los desastres volcánicos más catastróficos ocurridos desde 1800, después del Tambora (1915) con 56000 víctimas y del Krakatoa (1883) con 36400.
Esto es, hace 25 años, a pesar del compromiso de la comunidad científica que asumió tareas y del esfuerzo de la cruz Roja y la Defensa Civil locales en materia de prevención, queda pendiente pagar un saldo que únicamente se liquida sin volver a repetir la tragedia de Armero. Y lo digo porque antes de la erupción del 13 de noviembre de 1985, previo al paroxismo de las 9:20 de la noche, hora local, desde las 3:05 de la tarde hubo emisiones de ceniza, y antes del anochecer a modo de señal premonitora la arena volcánica y fragmentos de pómez del Ruiz caían sobre al poblado tolimense, en un ambiente enrarecido por un extraño olor azufrado.
Todo porque allí como en otros lugares se carecía de una instrucción precisa, de unos medios mínimos y de unos procesos adecuados, para que la población evacuara frente a un evento sorpresivo pero que también daba tiempo, al menos, para mitigar la desgracia. Esto es, la insuficiencia de la información gravitó, ya que no resultó suficiente la historia y el mapa, al faltar las instrucciones y el protocolo para evacuar, señalando el por qué, cuándo, cómo y a dónde, por lo menos. Incluso, faltaron los simulacros del caso como parte de la información intangible.
 
Epílogo
 



Mapa de Amenazas potenciales del Volcán Nevado del Ruiz. Gonzalo Duque Escobar (1986)
 
Luego de los sucesos de Armero, cuando se dan las frecuentes noticias sobre las crisis del Galeras, del Huila y del Cerro Machín, no dejamos de preocuparnos a pesar de saber que nuestros científicos de Ingeominas están altamente capacitados, de que se hayan hecho estudios sobre el riesgo y de que se tengan mapas de amenaza y de contar con un sistema de monitoreo eficiente.
Esto porque a pesar de la existencia del Sistema Nacional de Prevención y Atención de Desastres que ha hecho grandes esfuerzos y se ha consolidado, siempre quedan como preguntas: por qué las personas no evacúan y qué falta en términos tangibles e intangibles. Como evidencia de lo primero, antes del terremoto del Quindío el Comité Local de Emergencias del pequeño municipio de Pijao, epicentro del sismo, no sólo se reunía periódicamente y producía sus actas, sino que contaba con presupuesto y tomaba sus propias decisiones, tal cual lo hizo el 25 de enero de 1999 y días siguientes, a pesar de quedar incomunicado el poblado y desarticulada su comunidad del contexto regional y nacional.
También, porque la “galerización”, término extraño para entonces y para quienes no saben del Galeras, pero que refuerza la dialéctica del discurso como herramienta estratégica para entender la problemática que existe en Pasto, donde se repite lo que se hizo en Manizales cuando se desdibujó una estrategia comunicativa con expresiones como “aquí todos éramos vulcanólogos”, ya que eso posiblemente, lo de haber “galerizado a Armero”: habría salvado a muchos armeritas de la hecatombe, del mismo modo que lo han hecho las comunidades indígenas con las avalanchas del Huila de abril de 2007.
La dimensión social, política, cultural y económica, podría darnos esas respuestas, que espero no se resuelvan con nuevos desastres.
Con las leyes de la Cultura, del nuevo Sistema Ambiental y de la Reforma Urbana, hoy en Colombia se contempla la dimensión de los desastres y se consagra el derecho de la participación ciudadana; pero urge implementar la gestión integral del riesgo, primero asegurando las acciones misionales de institutos como el Ingeominas y las de complemento de las autoridades ambientales, a quienes corresponde las acciones en esta materia, y donde la previsión a corto plazo que se relaciona con los procesos geodinámicos y afines, incluye las tareas de observación sistemática de variables físicas y el desarrollo de modelos. Y otra, la previsión general que se materializa en mapas de amenaza para estudiar los riesgos naturales y asegurar el uso sostenible del suelo, temas para los cuales en materia de cartografía y de acciones de las autoridades territoriales, encontramos profundas deficiencias.
Esta loable y muy difícil labor para el caso de los volcanes activos, la han desarrollado oportunamente los científicos de Ingeominas en los tres segmentos de los Andes colombianos; pero en los planes de desarrollo y ordenamiento territorial, y de ordenamiento ambiental de cuencas, sabemos no se contempla la dimensión regional, ni se han aplicado los mapas de amenaza volcánica para proceder con una ocupación no conflictiva del suelo en términos de exposición o generación de riesgos durante los períodos de calma, caso volcanes Cerro Bravo y Tolima.
Me temo que con esa visión de corto plazo y la baja propensión a las acciones estructurales señaladas, estamos desaprovechando el esfuerzo de muchas instituciones del país, como la de los vulcanólogos, comprometiendo la suerte de la Nación y exponiendo varias comunidades vulnerables de Colombia.

Mil gracias,
 
Manizales, Noviembre 9 de 2010
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Relacionados:
 


Anotaciones sobre el riesgo sísmico en Manizales, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/5949/
 
Calentamiento global en Colombia, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/3673/
 
 
 
Manual de geología para ingenieros, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1572/
 
Riesgo en zonas andinas por amenaza volcánica, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1679/
 
Riesgo en la zona andina tropical por laderas inestables, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/1681/
 
Sismos y volcanes en el Eje Cafetero: Caso Manizales, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/6544/
 
Una política ambiental pública para Manizales, con gestión del riesgo por sismos, volcanes y laderas, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/6497/
 
 
 
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* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales http://godues.wordpress.com