lunes, 31 de enero de 2011

Nuestro corredor logístico para el PND 2010-2014

Por Gonzalo Duque Escobar *

Dada la posición geoestratégica de Colombia y el surgimiento de una ciudad región sobre el Eje Cali-Medellín con el Eje Cafetero como Centro, conurbación sin precedentes sobre la costa oeste de Latinoamérica, están dadas las condiciones para transformar el occidente colombiano en un corredor logístico de talla internacional e interoceánica, siempre y cuando se logren enlazar las economías de las Américas y de las cuencas del Pacífico y Atlántico, acudiendo a estrategias para la implementación de una infraestructura y superestructura, que respondan a los requerimientos del comercio global y continental y a las condiciones ambientales, sociales y económicas de Colombia estimadas en función de las oportunidades y desafíos que ofrecen dichos escenarios. Hoy los corredores logísticos de Colombia que le apuntan al eje del río Magdalena y al actual sistema portuario en Buenaventura y Cartagena, no ofrecen un impacto como el de los ferrocarriles cafeteros de la década de 1920 comparable al del Canal de Panamá en su momento, deben repensarse con los elementos de esta nueva visión de un corredor logístico en el occidente colombiano.

Si bien la columna vertebral de esta propuesta que enmendaría el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 buscando consolidar ese nuevo escenario urbano para entrar a la cuenca del Pacífico, la estructuran los corredores viales de una troncal de occidente que va evolucionando conforme incorpore las dobles calzadas del Valle del Cauca y las Autopistas de la Montaña previstas para unir las capitales cafeteras con Cali y Medellín, también es cierto que los desarrollos previstos en dicha carta de navegación no ofrecen posibilidades de articular al país a las rutas del comercio planetario, como consecuencia de las limitaciones del actual sistema de transporte: uno, nuestros puertos supuestamente modernizados para admitir naves medianas del tipo Pánamax no ofrecen condiciones competitivas, como tampoco las ofrece el actual Canal de Panamá, razón por la cual se amplía para resolver su obsolescencia y admitir barcos mayores cinco veces más económicos; dos, nuestros fletes del sistema troncalizado terrestre no son competitivos al soportarse en el modo carretero que resulta tres a cuatro veces más costosos para llegar a los puertos; tres, las exportaciones del occidente colombiano que van al Caribe, salen por Cartagena pagando sobrecostos de un 30 % al comparar los fletes con otra opción cercana como Urabá.

Esta visión de corredor logístico, que exige revisar el programa de inversiones en infraestructura portuaria, ferroviaria y de vías troncales y transversales en Colombia, para ajustar y redefinir el desarrollo de las instalaciones y servicios logísticos previstos en función de un nuevo canal económico que integre el comercio internacional, por tierra y por mar, exige reconsiderar el destino norte previsto para el Tren de Occidente para que en vez de salir de la cuenca del Cauca por Medellín hacia el Magdalena con destino a Cartagena, continúe por el occidente colombiano con destino a Urabá. Y también obliga a decir que Tribugá solo nada hace y nada impacta, dado que su funcionamiento exige otro puerto profundo en Urabá al cual esté unido por ferrocarril para establecer el comercio interoceánico y convertir la región en una zona de actividades logísticas con una oferta de la importancia de Panamá.

Entonces, ¿por qué no hemos visto la importancia del eje Urabá-Tribugá funcionando como un canal interoceánico alterno a Panamá y Suez e integrando las Américas por Colombia? En primer lugar, porque Colombia no ha tenido visión marítima, y como prueba basta ver la precariedad urbana de Buenaventura como puerta a un océano por el cual se movilizan 2/3 del PIB mundial; en segundo lugar, porque los proyectos de Nación siempre han palidecido frente al regionalismo dominante, razón por la cual el subdesarrollo del Pacífico colombiano y del Chocó a pesar de su riqueza maderera y aurífera objeto de expoliación, y otros recursos naturales y culturales, contrasta con los desarrollos del Valle del Cauca, Eje Cafetero y Antioquia.

Sobre la identificación de la territorialidad de esta Ciudad Región que va de Cali a Medellín, cabe señalar que el Eje Cafetero, es la expresión ambiental de elementos culturales y naturales, y procesos de desarrollo del occidente colombiano. Aquí convergen en lo cultural el carácter laborioso heredado de la antioqueñidad y la mente abierta adquirida de la caucanidad, y en su variada geografía los ecosistemas andinos de la hoya hidrográfica del Cauca. Y en cuanto al desarrollo, porque luego de la colonia y primeras épocas de la república, primero con la colonización y luego con el advenimiento del café y los ferrocarriles, se cruzan las culturas, se consolida la ecorregión y se da la primera apertura económica y cultural de Colombia.

* Profesor Universidad Nacional de Colombia http://economiaytransportes.galeon.com / [Ref: La Patria/ Opinión/2011-01-31]

jueves, 27 de enero de 2011

Manual de Geología para Ingenieros (MANUALGEO)

TEXTO: Manual de Geología para Ingenieros. Gonzalo Duque Escobar





Manual de Geología para Ingenieros
Gonzalo Duque Escobar
Manizales, 2003 (Actualizado 2014)

http://www.bdigital.unal.edu.co/1572/

TEXTO PARA LA ASIGNATURA DE GEOLOGÍA
PROGRAMA DE INGENIERÍA CIVIL
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA - SEDE MANIZALES

Contenido:

Presentación
Contenido
Cap01 Ciclo geológico
Cap02 Materia y Energía
Cap03 El sistema Solar
Cap04 La Tierra sólida y fluida
Cap05 Los minerales
Cap06 Vulcanismo
Cap07 Rocas ígneas
Cap08 Intemperismo ó meteorización
Cap09 Rocas sedimentarias
Cap10 Tiempo geológico
Cap11 Geología estructural
Cap12 Macizo rocoso
Cap13 Rocas Metamórficas
Cap14 Montañas y teorías orogénicas
Cap15 Sismos
Cap16 Movimientos masales
Cap17 Aguas superficiales
Cap18 Aguas subterráneas
Cap19 Glaciares y desiertos
Cap20 Geomorfología
Bibilografía

Descarga el Libro free en :
http://www.bdigital.unal.edu.co/1572/

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domingo, 16 de enero de 2011

EDUCACIÓN CON-CIENCIA PARA EL DESARROLLO

Por Gonzalo Duque Escobar *

Las posibilidades de avanzar en productividad y competitividad desarrollando al tiempo las dimensiones social y ambiental de Colombia, exigen algo más que potenciar un sistema educativo que requiere cualificarse y fortalecerse estructuralmente, empezando por modernizarlo en los términos que señalara la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo en Colombia: “Al filo de la oportunidad” (1994); también debemos construir la identidad de unas regiones que le impriman a Colombia un carácter acorde con su base pluricultural y medio biodiverso, para consolidar la Nación y lograr el aprovechamiento sostenible de nuestra oferta cultural y natural, sin detrimento de nuestra soberanía.

En lo primero, la tarea que tenemos exige cuatro acciones fundamentales: apostarle a la calidad de la educación para resolver las deficiencias en formación e instrucción en los procesos y resultados de la básica, elevar el promedio de escolaridad de la población llevándolo más allá de los 10 años para ingresar a los niveles profesional y tecnológico, impulsar programas de ciencia y tecnología para resolver el atraso del sector productivo, y fortalecer la cultura del emprendimiento para articular a los colombianos al mercado laboral. Esta tarea debe incluir estrategias locales para implementar los necesarios procesos de apropiación y traducción de los saberes de la cultura popular y de las comunidades rurales y culturas ancestrales, al lenguaje y la racionalidad de la ciencia moderna.

En lo segundo, las prioridades se relacionan con la necesidad de continuar el legado de las dos mayores hazañas de la historia científica de Colombia, como son la Expedición Botánica de la Nueva Granada (1783-1810) y la Misión Corográfica (1850-1859), con una segunda versión de cada una. Si bien la Botánica de Mutis logró la recolección y clasificación de 20 mil especies vegetales y 7 mil animales, aún desconocemos nuestro patrimonio biótico. Y si la Corográfica de Codazzi aportó no sólo la elaboración de nuestra cartografía sino también la identificación de las grandes regiones naturales de un país por entonces rural y desarticulado y en el que solamente se concebían los poblados bajo el concepto de la “Ciudad Estado” de Plutarco, hoy resulta lamentable el déficit de una Cartografía temática y de detalle, y la falta de reconocimiento e identidad de muchas bioregiones y culturas.

Y para entender la urgencia de esta doble propuesta, solo basta reflexionar no solo sobre el abandono y postración del campo, sino también sobre el desempleo crónico que afecta la estructura del empleo en Colombia y sobre la violencia juvenil urbana que se va propagando en las ciudades intermedias, hechos en los cuales la falta de oportunidades para los jóvenes como causa, se relaciona con factores más profundos y determinantes, relacionados con el surgimiento de una nueva sociedad en la que el Estado solidario se ha desmontado y la estructura del empleo ha cambiado, todo consecuencia de una revolución tecnológica compleja y de la globalización de la economía y la cultura, entre otras causas.

Como evidencia de las dificultades por resolver y soportado en cifras del DANE, así en el último lustro el PIB de Colombia haya crecido el 60%, basta mirar la participación del sector agropecuario donde excluyendo el café y como consecuencia de su baja productividad, apenas alcanza el 8,5% del PIB nacional: en este sector carente de políticas y desarrollos en ciencia y tecnología, las tierras ganaderas superan ocho veces la extensión de la agropecuaria e invaden de forma conflictiva sus espacios con prácticas menos productivas, para no hacer mención de la deforestación que agrava las amenazas hidrometeorológicas, ni de la pérdida de casi la mitad de los productos perecederos del agro gracias al deterioro de vías y a problemas de manejo pos cosecha y de mercadeo. Como muestra, esta brecha: mientras las tres mayores ciudades que conforman el “triángulo de oro” de Colombia presentan un indicador de necesidades básicas insatisfechas del 17% y en proceso de reducción, el de las regiones Caribe con el 46% y Pacífico con el 62% resulta preocupante y se resuelve más lentamente.

Y en la economía del frágil y contradictorio medio urbano, donde pobreza extrema, fragmentación social, desempleo crónico y cultura de la corrupción, facilitan la informalidad, la violencia y la delincuencia; allí donde los modernos hipermercados hacen lo propio de esa apertura económica que desvertebra los procesos de la pequeña economía local tradicional: la precaria industria anuncia su retraso tecnológico con una participación de tan solo el 13,2% en el PIB nacional, gracias a una preocupante obsolescencia que no se ha resuelto acometiendo su necesaria reconversión, posiblemente porque la clase empresarial, acostumbrada al ritmo fácil del proteccionismo, aún desconoce las ventajas y oportunidades de la sociedad del conocimiento.

* Profesor Universidad Nacional de Colombia http://gonzaloduquee.galeon.com
[Ref.: La Patria, Manizales, 2011.01.17]

Gonzalo Duque Escobar: Libros digitales y Capítulos de Libro UN


libros gonzalo duque escobar

Asuntos del Clima: enlaces de Gonzalo Duque Escobar

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Aspectos geofísicos de los Andes de Colombia, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1580/2/andes-geofyamn.pdf

Amenazas naturales en los Andes de Colombia, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1579/1/amn-and-colombia.pdf

Riesgo en la zona andina tropical por laderas inestables, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1681/1/Riesgo-Suelos-ZAT.pdf

El agua en la biorregión caldense, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/45357/1/gonzaloduqueescobar.201448.pdf
Calentamiento global, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1582/1/calentamiento-global.pdf

Dinámicas del clima andino colombiano, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1589/1/zcit.pdf

Calentamiento global en Colombia, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/3673/1/gonzaloduqueescobar.201138.pdf

COP21, un reto social y político a nivel global, en:  http://www.bdigital.unal.edu.co/52320/1/cop21unretosocialypolitico.pdf

Nuestro frágil patrimonio hídrico, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/51500/1/nuestrofragilpatrimoniohidrico.pdf

Por falta de bosques con el agua al cuello, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/2347/1/gonzaloduqueescobar.201030.pdf

Reconstrucción con adaptación al cambio climático en Colombia, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/2633/1/gonzaloduqueescobar.201027.pdf

Amenaza climática en el trópico andino, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1861/1/gonzaloduqueescobar.201013.pdf

Asuntos del clima en Colombia vistos desde El Niño, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1581/1/gonzaloduqueescobar.201020.pdf

El desastre en el río Mira, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1592/1/gonzaloduqueescobar.200911.pdf

El fantasma de la imprevisión, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/47913/1/elfantasmadelaimprevisi%C3%B3n.pdf

Sol, clima y calentamiento global, en: http://www.bdigital.unal.edu.co/39782/1/gonzaloduqueescobar.201430.pdf

Cambio climático y turismo en Colombia, en:
http://www.bdigital.unal.edu.co/1583/1/turismo-calentamiento.pdf

Bosques en la Cultura del Agua http://godues.wordpress.com/2011/05/23/

Caldas en la biorregión cafetera http://godues.wordpress.com/2011/11/08/

El ocaso del bosque andino y la selva tropical http://godues.wordpress.com/2014/03/31/

Gobernanza Forestal: legalidad y sostenibilidad de la guadua en la ecorregión cafetera http://godues.wordpress.com/2014/10/30/

Perfil Ambiental de Manizales y su territorio https://godues.wordpress.com/2014/08/15/

Un SOS por la bambusa guadua http://godues.wordpress.com/2014/05/26/


Fuente: http://www.bdigital.unal.edu.co/view/person/Duque_Escobar=3AGonzalo=3A=3A.default.html

domingo, 9 de enero de 2011

Naturaleza: crimen y castigo

Por: Héctor Abad Faciolince | Elespectador.com Dom, 01/09/2011 - 01:00

EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS, MIRÁNdose de reojo y con cara de pocos amigos, ha habido en El Espectador una polémica interesante entre dos valiosos intelectuales colombianos: Alejandro Gaviria y William Ospina.

Otros articulistas han metido baza en el asunto, pero me limitaré a Ospina y Gaviria (la llama y el hielo) porque sus posiciones representan los dos extremos opuestos, y se prestan fácilmente para hacer una caricatura de sus actitudes antagónicas. Si los caricaturizo no es para simplificar sus ideas ni para burlarme de sus posiciones, sino para que se entienda más claramente el debate.

La discrepancia empieza desde el mismo estilo, es decir, desde la estrategia retórica de cada uno. Ospina, poeta, usa las armas emotivas del sermón lírico y apela más a la emoción que a la razón; lo típico, en su alegato, es la anáfora (repetir las mismas palabras al principio de cada frase). Gaviria, técnico, experto economista, usa el helado bisturí del conocimiento científico; su figura retórica predilecta es el sarcasmo: muerde a los místicos y a los supersticiosos que ven motivos mágicos y metafísicos donde lo que hay es la acción brutal de la naturaleza. El motivo de la disputa es muy simple: se trata de decidir si los desastres del invierno son culpa del hombre (de la sociedad, de los gobiernos, de la técnica arrogante y trasplantada sin tino desde otras latitudes, como piensa Ospina) o consecuencia inevitable de una naturaleza ciega, como cree Gaviria.

Vale la pena oír los argumentos en sus propias palabras. No voy a ofender la inteligencia del lector diciéndole quién es quién. Será fácil reconocerlos cuando hablan de nuestra tierra y de lo que deberíamos hacer con ella. Para uno de ellos deberíamos hacer un homenaje a la naturaleza, que sea “un canto a las montañas nevadas de la pared occidental del Tolima, un canto a las aguas que bajan trayendo fertilidad a los valles, un canto a las llanuras donde fosforecen los cultivos de arroz y a donde bajan a tomar sombra los gavilanes y las águilas, un canto al río que a pesar de las ofrendas con que lo envilecen nuestras ciudades sigue llevando peces y garzas, canoas y músicas”. Para el otro, simplemente: “Hemos sufrido los peores aguaceros de los últimos cuarenta años. Vivimos en un país con una geografía difícil, casi imposible. Los asentamientos en las laderas de las montañas y las riberas de los ríos no son nuevos. Ni van a desaparecer. Son parte de este país”. Ahí pueden escoger: la lírica ensoñadora o el cinismo de los hechos irremediables.

Para William, deberíamos recuperar la sabiduría de nuestros antepasados indígenas, que convivían en armónico idilio con la naturaleza, con la Pacha Mama, y por el mismo motivo ésta no los golpeaba. Para Gaviria, aunque no niegue que la corrupción o las malas decisiones en política ambiental agravan las emergencias, la tragedia que vive Colombia es una calamidad natural sin culpables: no es Gaia que se venga ni los dioses que nos mandan castigos bajo forma aguada. Esta polémica, y estas posiciones locales, reproducen una controversia planetaria: el cambio climático es un ciclo natural de la tierra, o una alteración brusca motivada por los daños ambientales provocados por el hombre.

Aquí valdría la pena, para terminar, que yo me pusiera mi máscara de ecuánime, propusiera una tercera vía intermedia entre las dos posiciones (ni tanta lírica ni tantos hechos, diría), y que usara la estrategia retórica del equilibrio irónico. No lo haré. Y no porque quiera disimular lo que cada uno es o pretende ser, sino porque otra persona ya lo hizo: Rodrigo Uprimny, en un artículo muy ponderado, sentó una posición más sensata: “Justicia ambiental e inundaciones”. Léanlo. Terminado este artículo, y sin tiempo para hacer otro, me doy cuenta de que sobre el mismo tema, y con mejores palabras, ya había escrito, durante mis vacaciones, Mauricio García: “Economía y poesía”. Lo recomiendo.

miércoles, 5 de enero de 2011

DE LA TIENDA AL HIPERMERCADO

Por Gonzalo Duque Escobar

Cuando ha llegado el Centro Comercial Fundadores y se anuncia para este año la construcción del Puerta Grande en Manizales, amerita considerar el impacto de las grandes superficies comerciales para la economía local, particularmente para el comercio tradicional de la ciudad. Y para avanzar en algo entendiendo que son varios y complejos los niveles y formas de organización comercial, para simplificar el problema reduciré su amplio universo a las pequeñas empresas tradicionales con bajos niveles de incorporación tecnológica y limitada capacidad de negociación, pero que abren espacios para los pequeños productores, de un lado, y a las grandes superficies comerciales que dependen fundamentalmente de grandes proveedores externos e importaciones, del otro. Como punto de partida, esta forma de distribución moderna que pone el consumo al servicio de la lógica del mercado bajo los preceptos neoliberales, en cierto modo es a las tiendas de barrio y a los pequeños locales comerciales, lo que la gran industria y agroindustria es hoy a la producción rural y artesanal de ayer. Con el nuevo orden económico, la producción y transformación de bienes para el consumo no solo se complementa con las actividades del sistema económico propias del sector terciario, sino que también reclama el desarrollo del comercio en los términos señalados.

Para empezar, en Colombia tras varias décadas de dependencia tecnológica y de un proteccionismo que llevó a la ineficiencia a los productores rurales e industriales, luego con la apertura de los mercados inspirada en el modelo neoliberal sobrevino la quiebra, fusión y cierre de empresas, la destrucción de fuentes de empleo formal y el desmantelamiento del Estado solidario que se soportaba en los postulados keynesianos. Y en cuanto al sector terciario del cual me ocupo, si bien el comercio ha venido entrando a un proceso de cambio de sus estructuras tradicionales gracias a la incorporación de tecnologías y de cambios organizacionales, donde tuvo que ver mucho el impacto de almacenes minoristas como las cajas de compensación y cadenas de almacenes de hace años, ya hemos empezamos a ver con los almacenes poco eficientes o que no se asociaron para formar cadenas con marca propia, una suerte similar a la que corrieron decenas de empresas industriales que cerraron en Pereira y Manizales durante los últimos veinte años, tras amasar fortuna gracias a un Estado que favoreció altos precios y bajas calidades antes de la apertura económica de los 90.

Y conforme se van ampliando las opciones por el proceso de cambio de los negocios que partieron de unas estructuras tradicionales, el consumidor de hoy ya encuentra un sector comercial muy heterogéneo en el que sus opciones dependerán sustancialmente de su nivel de ingresos: los de mayor capacidad de consumo que en teoría serán quienes dominen el mercado futuro, aprecian ya los beneficios adicionales de una forma de compra más moderna y variada en las grandes superficies comerciales, donde además de una oferta amplia de precios y de variedad y múltiples características de las mercancías, pueden interactuar por sí mismo con los productos sin que “mostrador y vendedor” tengan que mediar; entre tanto, los consumidores de menores ingresos y que en la realidad de Colombia son muchos, por ser los más interesados en productos de consumo corriente o para el abastecimiento familiar diario, aprecian el crédito del tendero o las ventajas de un rebusque capaz de premiar con menor precio la obtención de productos de cosecha y segundas. No obstante, siempre habrá una gama importante de consumidores con ingresos no muy bajos y de cualquier tamaño, interesada en bienes y servicios llave en mano que se prestan a domicilio.

Y si en la industria siempre habrá que trazar políticas e instrumentos donde Estado y sector privado actúen diferenciando la producción artesanal de la industrial al diseñar sus estrategias de desarrollo con objetivos necesariamente diferentes; igualmente ambos deben formular sus objetivos y estrategias partiendo de modelos que, previa estratificación y sin debilitar el mercado, consideren la articulación estratégica horizontal o vertical de los pequeños comerciantes atendiendo las particularidades y beneficios socio ambientales del conjunto de los sectores de la actividad económica local, para encontrar las opciones y condiciones de una eventual expansión que permita obtener economías de escala o condiciones de estabilidad económica, ya por la vía de su expansión espacial, de la diversificación de sus productos o de la segmentación de los consumidores, contemplando entre otras opciones el establecimiento de cadenas productivas, la organización solidara, la capacitación y formación empresarial, y las fórmulas crediticias y tributarias; pero con una acción concertada que no perpetúe la ineficiencia del sector y que justo fortalezca esos procesos que se desmantelan con las grandes superficies de mercado.

Manizales, 4-01-2011

lunes, 3 de enero de 2011

RETOS AMBIENTALES EN EL EJE CAFETERO

Por Gonzalo Duque Escobar *

Educación para consolidar un medio ambiente compatible con la cultura y ecológicamente sólido, es uno de los retos estratégicos para la ecorregión del Eje Cafetero, un territorio mediterráneo que comparten varias Corporaciones Regionales Autónomas. Allí aparecen Armenia, Manizales y Pereira como núcleos urbanos que generan una enorme proporción del producto interno bruto PIB regional de los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, concentración que se explica por la baja productividad de su sector rural, donde tierra y algo de trabajo son los factores de producción dominantes, ya que capital y conocimiento no pesan para la producción rural. A modo de ilustración, mientras el potencial de productividad de una hectárea del valle del Magdalena Medio es 50 veces el de una hectárea promedio de los Llanos Orientales, la productividad efectiva de las fértiles tierras de La Dorada llega al 50%.

Y estando mal en el vasto territorio de la fértil ecorregión de la rubiácea porque el campesino trabaja el triple para percibir 1/3 del ingreso urbano, cada capital cafetera que en materia del PIB lo hace casi todo vive su propio drama buscando desarrollar sus fuerzas productivas, sin advertir que la estructura del empleo ha cambiado para exigir competencias intelectuales y sociales a una población que requiere incrementar la formación a nivel profesional y tecnológico, y sin articular las ventajas naturales y culturales de su valioso patrimonio, ni complementar sus economías urbanas. Aunque Quindío algo ha logrado al integrar sus municipios en un proyecto turístico que lo convierte en el segundo destino del país, contrariamente Pereira que puede sacar mayores ventajas de su posición geoestratégica apuntándole al comercio y Manizales que debe recobrar su brújula industrial apoyada por la academia, como centros de poder mantienen desarticulados los territorios y no lo ordenan para funcionar como ciudad región frente a Cali y Medellín.

Tras la hecatombe invernal, una lección que queda es la de la falta de bosques para mitigar el impacto de un calentamiento global, donde se reconoce que este es el verdadero desastre que contribuye a alterar El Niño y La Niña como fenómeno natural dual que causa sequías e inundaciones, al exacerbar el clima bimodal de la región andina colombiana. Ahora, para adaptarnos a estas amenazas sin comprometer un desarrollo sostenible, entonces se tendrá que avanzar en el ordenamiento de las cuencas en la ecorregión y emprender una reconstrucción con las acciones más importantes asociadas a la gestión del riesgo, entendiendo que la viabilidad de semejante tarea supone dos acciones fundamentales: primero, una revolución educativa para la reconversión productiva rural, y segundo, el desarrollo de la identidad cultural para asegurar la sostenibilidad ambiental de la ecorregión cafetera.

En cuanto a la revolución educativa, la problemática socioambiental de la ecorregión como territorio fundamentalmente rural exige un desarrollo educativo para cerrar la brecha de productividad del sector agropecuario, aplicando modelos de producción limpia. Sabemos que el modelo agrario colombiano ha sido un fracaso no propiamente por falta de apoyo del Estado, sino porque en vez de incorporar políticas e instrumentos de ciencia y tecnología para incrementar la productividad, siempre ha entrado a subsidiar la ineficiencia. Entonces, la solución del problema que ha de enfrentarse para la estabilización de las cuencas actuando con una reconversión apoyada en tecnologías verdes y saneamiento básico, empieza por elevar el nivel de escolaridad de nuestros campesinos que en promedio es de solo 4 años para que puedan asimilar los paquetes tecnológicos y financieros sin repetir la historia de una revolución verde que desruralizó la patria.

Y en lo del desarrollo de la identidad cultural, la ecorregión debe incorporar saberes y tradiciones para generar bienes y servicios culturales, pues se trata de un territorio biodiverso y pluricultural que requiere resignificar y reelaborar el conjunto de símbolos y valores de su patrimonio natural y cultural para incluir a productores rurales y artesanos: en la Alta Cordillera entre San Félix y Roncesvalles, los símbolos de la identidad se relacionan con el pasillo, el páramo, el bahareque de tabla, el sombrero aguadeño, la ruana de Marulanda y la Palma de Cera; en el Magdalena Centro, con la navegación por el Magdalena, la Expedición Botánica, el rancho de hamacas y la subienda de nicuros, bagres y bocachicos; en Marmato, Quinchía, Supía y Riosucio, con la cultura indígena de las comunidades Embera y Umbra, y con la minería del oro enriquecida por el aporte de las comunidades afrodescendientes: existe más novela y poesía en el oro que en el café de esta zona cafetalera que va desde Neira hasta el sur del Quindío.

* Profesor Universidad Nacional de Colombia. http://galeon.com/gonzaloduquee [Ref: La Patria, Manizales, 2011.03.01]