lunes, 3 de enero de 2011

RETOS AMBIENTALES EN EL EJE CAFETERO

Por Gonzalo Duque Escobar *

Educación para consolidar un medio ambiente compatible con la cultura y ecológicamente sólido, es uno de los retos estratégicos para la ecorregión del Eje Cafetero, un territorio mediterráneo que comparten varias Corporaciones Regionales Autónomas. Allí aparecen Armenia, Manizales y Pereira como núcleos urbanos que generan una enorme proporción del producto interno bruto PIB regional de los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío, concentración que se explica por la baja productividad de su sector rural, donde tierra y algo de trabajo son los factores de producción dominantes, ya que capital y conocimiento no pesan para la producción rural. A modo de ilustración, mientras el potencial de productividad de una hectárea del valle del Magdalena Medio es 50 veces el de una hectárea promedio de los Llanos Orientales, la productividad efectiva de las fértiles tierras de La Dorada llega al 50%.

Y estando mal en el vasto territorio de la fértil ecorregión de la rubiácea porque el campesino trabaja el triple para percibir 1/3 del ingreso urbano, cada capital cafetera que en materia del PIB lo hace casi todo vive su propio drama buscando desarrollar sus fuerzas productivas, sin advertir que la estructura del empleo ha cambiado para exigir competencias intelectuales y sociales a una población que requiere incrementar la formación a nivel profesional y tecnológico, y sin articular las ventajas naturales y culturales de su valioso patrimonio, ni complementar sus economías urbanas. Aunque Quindío algo ha logrado al integrar sus municipios en un proyecto turístico que lo convierte en el segundo destino del país, contrariamente Pereira que puede sacar mayores ventajas de su posición geoestratégica apuntándole al comercio y Manizales que debe recobrar su brújula industrial apoyada por la academia, como centros de poder mantienen desarticulados los territorios y no lo ordenan para funcionar como ciudad región frente a Cali y Medellín.

Tras la hecatombe invernal, una lección que queda es la de la falta de bosques para mitigar el impacto de un calentamiento global, donde se reconoce que este es el verdadero desastre que contribuye a alterar El Niño y La Niña como fenómeno natural dual que causa sequías e inundaciones, al exacerbar el clima bimodal de la región andina colombiana. Ahora, para adaptarnos a estas amenazas sin comprometer un desarrollo sostenible, entonces se tendrá que avanzar en el ordenamiento de las cuencas en la ecorregión y emprender una reconstrucción con las acciones más importantes asociadas a la gestión del riesgo, entendiendo que la viabilidad de semejante tarea supone dos acciones fundamentales: primero, una revolución educativa para la reconversión productiva rural, y segundo, el desarrollo de la identidad cultural para asegurar la sostenibilidad ambiental de la ecorregión cafetera.

En cuanto a la revolución educativa, la problemática socioambiental de la ecorregión como territorio fundamentalmente rural exige un desarrollo educativo para cerrar la brecha de productividad del sector agropecuario, aplicando modelos de producción limpia. Sabemos que el modelo agrario colombiano ha sido un fracaso no propiamente por falta de apoyo del Estado, sino porque en vez de incorporar políticas e instrumentos de ciencia y tecnología para incrementar la productividad, siempre ha entrado a subsidiar la ineficiencia. Entonces, la solución del problema que ha de enfrentarse para la estabilización de las cuencas actuando con una reconversión apoyada en tecnologías verdes y saneamiento básico, empieza por elevar el nivel de escolaridad de nuestros campesinos que en promedio es de solo 4 años para que puedan asimilar los paquetes tecnológicos y financieros sin repetir la historia de una revolución verde que desruralizó la patria.

Y en lo del desarrollo de la identidad cultural, la ecorregión debe incorporar saberes y tradiciones para generar bienes y servicios culturales, pues se trata de un territorio biodiverso y pluricultural que requiere resignificar y reelaborar el conjunto de símbolos y valores de su patrimonio natural y cultural para incluir a productores rurales y artesanos: en la Alta Cordillera entre San Félix y Roncesvalles, los símbolos de la identidad se relacionan con el pasillo, el páramo, el bahareque de tabla, el sombrero aguadeño, la ruana de Marulanda y la Palma de Cera; en el Magdalena Centro, con la navegación por el Magdalena, la Expedición Botánica, el rancho de hamacas y la subienda de nicuros, bagres y bocachicos; en Marmato, Quinchía, Supía y Riosucio, con la cultura indígena de las comunidades Embera y Umbra, y con la minería del oro enriquecida por el aporte de las comunidades afrodescendientes: existe más novela y poesía en el oro que en el café de esta zona cafetalera que va desde Neira hasta el sur del Quindío.

* Profesor Universidad Nacional de Colombia. http://galeon.com/gonzaloduquee [Ref: La Patria, Manizales, 2011.03.01]

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