sábado, 30 de agosto de 2025

Manizales: desafíos socioambientales y urbanos

Manizales: desafíos socioambientales y urbanos

Por: Gonzalo Duque-Escobar*

Repensar a Manizales es un ejercicio casi ininterrumpido que hace nuestra benemérita SMP como entidad de carácter privado y sin ánimo de lucro desde el 28 de junio de 1912, por quienes cultivamos el civismo como valor supremo de la cultura urbana. Si bien tras la fundación de la ciudad en 1849 el poblado inicialmente no contaba con alcantarillado ni acueducto y las calles no estaban empedradas, desde 1880 gracias al café y sobre todo al concluir la Guerra de los Mil días (1903) todo cambia ya que cuando Manizales ya que empieza a pensar en educación, cultura y comercio, tras crearse el Departamento de Caldas (1905), puesto que llegan La Normal (1910), el Instituto Universitario (1914), la SMP (1912), y la Cámara de Comercio (1914), y se construyen el cable aéreo Manizales-Mariquita (1922) y el Ferrocarril de Caldas (1927).

Igualmente, después de llegar los pavorosos incendios de 1922, 1925 y 1926 y de la reconstrucción donde el bahareque evoluciona en formas y contenidos hacia una arquitectura ecléctica republicana, al crearse la Federación de Cafeteros (1927), gracias a los Comités de Cafeteros, se da la irrigación de los beneficios de la caficultura para dotar el medio rural de acueductos, escuelas y puestos de salud, y más adelante de vías rurales y la electrificación del campo en la jurisdicción del actual Gran Caldas.

Pero al irrumpir la revolución verde con el monocultivo de base química además de desmantelarse el sombrío que le dará soporte a la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero (2011), para darle paso al caficultura con la caturra (1970), los campesinos que no pueden asimilar ese modelo por las exigencias tecnológicas y financieras, migran a la ciudad donde se ocupan las frágiles laderas para generar los pasivos ambientales que explican la creación de Cramsa (1974), que se convertirá en Corpocaldas gracias a la Constitución de 1991.

Y también con la apertura económica (1991), además de cerrarse empresas tras la implementación de un modelo de crecimiento económico a costa del medio ambiente, además de la informalidad y la corrupción, empieza la odisea del cambio climático incidiendo en un territorio deforestado, y sobre todo social y espacialmente fragmentado, así se le haya reconocido a Manizales no solo el haber alcanzado el top en el Índice de Progreso Social del país, sino también el reconocimiento ONU-Hábitat LATAM 2025.

1- Anotaciones al perfil socioambiental de Manizales

Manizales, una ciudad intermedia que para 2028 se acercará a 500 mil habitantes y que actualmente muestra un Índice de Pobreza Multidimensional del 13,9% con una brecha entre lo urbano (12,7%) y rural (31,2%), y una tasa demográfica que tiende al 0,67% anual, mostrará para entonces una población más envejecida por cambios en la estructura etaria, ya que mientras el 14% tendrá menos de 15 años, el 55% de la población será mayor de 35 años; además si en la zona rural del municipio habita sólo el 10% de la población y en la urbana se concentra el 90% distribuido en 11 comunas, actualmente la ciudad cuenta con 95.690 adultos mayores equivalentes al 20,9% de su población.

Dado que su territorio, donde las áreas protegidas cubren 31.700 Ha, se extiende desde el paisaje de páramo vecino al PNN Los Nevados, y pasa por los bosques altoandinos de nuestras reservas forestales, después de continuar por la urbe con sus seis áreas de interés ambiental donde la temperatura promedio es 16°C, se entra a las zonas cafetaleras de El Tablazo y La Cabaña para descender hasta el clima cálido en Santágueda y el Kilómetro 41, razón por la cual son múltiples los paisajes y variados como biodiversos sus ecosistemas. Al respecto en la actualidad Colombia encabeza el top mundial de aves con 1.876 especies, en el que Manizales cuenta con 535.

Aunque erróneamente creemos que nuestra identidad va más con toros y con reinas que con el paisaje tropical andino montañoso, a pesar de que históricamente la ciudad se ha caracterizado por los pasivos ambientales que pasan factura con desastres invernales, al estarse convirtiendo el hábitat en guetos conforme se ha fragmentado y tugurizado, durante el último medio siglo estamos presionando las fuentes hídricas y su estructura ecológica generando un problema al que se suma la invasión del espacio público y la congestión vehicular que expresa el crecimiento del parque automotor 10 veces por encima de la población, lo que se agrava por la carencia de un sistema integrado de transporte público.

Siendo nuestras Reservas Forestales Protectoras Río Blanco y Quebrada Olivares, Sabina, Planalto, y Torre 4, al igual de lo que ocurre con el PNN Los Nevados y el Distrito de Suelos Guacas el Rosario, en estas áreas de interés ambiental vitales para Manizales por sus servicios ambientales, no se han implementado sus Zonas con Función Amortiguadora definidas en el Estudio de la Fundación HTM (2014), con lo cual no estarían blindados dichos ecosistemas de presiones antrópicas como las de Tierraviva, e incluso en Toldafría por la minería, ya que de haberse establecido al interior del anillo de contención no podrían tener lugar nuevos aprovechamientos, fraccionamientos prediales, o construcciones.

En 2023 Manizales se destacó no sólo por su bajo nivel de pobreza monetaria (4%) y extrema (0,8%), también brilló por la generación de empleo ya que la tasa de desempleo se situó en un 9,7%; y respecto a la tasa de informalidad en 2023 se llegó al 32,3%, mostrando una leve disminución con respecto al 2022 que llegó a 35,7%.  No obstante, en el primer trimestre del 2024 tanto el desempleo como la informalidad aumentaron en Manizales ubicándose en 11,9% y en 35% respectivamente. Además, en el mercado laboral de Manizales la tasa global de participación ha experimentado disminución, pasando del 60,4% en 2022 al 59,9% en 2023, y simultáneamente la tasa de ocupación también ha experimentado una ligera caída descendiendo de un 54,3% a un 54,1%.

También preocupa el que los escolares en 2022 sólo fueron 51.331 según Manizales Cómo Vamos, que recomienda investigar si esto se explica por pérdida de cobertura o por menor edad escolar, ya que según la Secretaría de Educación la caída sistemática de las matrículas durante la última década a niveles del 60% que contrastan con los 83.140 matriculados de 2002, lleva a preguntarnos qué pasará con la población universitaria estimada hoy en 46.500 alumnos.

2- Acceso al suelo y segregación urbana

En esta ciudad, donde las invasiones prosperan, se debe intervenir el mercado de tierras para garantizar el acceso al suelo urbano cuando de vivienda se trate, entendiendo que dicho derecho puede reivindicarse para que todos los ciudadanos puedan gozar de las ventajas y beneficios de la ciudad, ya que también esa demanda abarca otros propósitos como negocios y diversas actividades culturales, máxime cuando los actuales instrumentos normativos no logran integrar las dinámicas de autoproducción de vivienda, sino que tienden a generar acciones represivas desde el Estado.

Todo porque el costo de la tierra para los sectores de bajos ingresos, es el factor detonante de las invasiones en los extramuros de la urbe y sobre áreas inadecuadas o inviables, como consecuencia de no garantizar un hábitat inclusivo mediante el acceso equitativo a la tierra pese a ser fundamental para evitar la segregación espacial de la ciudad; una consideración que debe mirar ahora el Área Metropolitana pensando en una política pública explícita para los distintos mercados de suelo urbano.

Entre los científicos sociales y otros actores que conocen del problema a fondo, se dan coincidencias al identificar la acción del Estado neoliberal como principal causa de los citados problemas urbanos: en primer lugar, anotan la falta de voluntad política a lo que se suma la corrupción e ineficiencia, como obstáculos reiterados; y en segundo lugar, reconocen el rol de los especuladores inmobiliarios, quienes -entre sus pingües negocios- también cuentan los vinculados a la construcción de vivienda social.

Siendo así, cuando sectores importantes de la población se ven imposibilitados para acceder a viviendas y servicios urbanos básicos bajo condiciones dignas, la pregunta es cómo prevenir la “toma” de tierras, si no es mediante instrumentos que beneficien a las familias carentes de recursos permitiéndoles recurrir al mercado inmobiliario formal, y que igualmente faciliten la transformación y articulación de los asentamientos irregulares, para que éstos formen parte integral de la ciudad, ya que la informalidad además de costosa no es la mejor alternativa para combatir la pobreza.

Pero si la regularización por más necesaria que sea, sólo representa una solución parcial, ya que blinda al beneficiario con la seguridad jurídica del derecho otorgado, también la dotación de servicios públicos esenciales debe entrar como parte de una solución integral, razón por la cual el ente responsable del proceso debe conocer a fondo la profunda mutación que actualmente experimentan las políticas de la vivienda urbana en general, y las políticas del uso del suelo en particular para lograr el cometido social.

Dicha política implica generar una reglamentación adecuada no sólo pensando en el mercado de tierras, sino también en las condiciones legales, económicas y sociales para el acceso equitativo a dicho mercado, en el que la tierra se compra, vende o alquila a través de contratos y transacciones legales, en condiciones de equidad y justicia social.

3- Requerimos urbanismo verde y sostenible

Manizales requiere obras de ornato y viales soportadas en diseños y acciones de regeneración, restauración o naturalización de carácter biocéntrico con buenas prácticas de paisaje urbano sostenible para dar respuesta a grandes carencias que pasan por la pérdida de paisajes verdes con la expansión de la jungla de concreto, por el déficit de un espacio público efectivo lejano a estándares internacionales, por la congestión vehicular con un parque automotor que crece 10 veces más que la población, y una red hídrica convertida en cloacas, entre otras problemáticas a resolver, si es que nos decidimos por un entorno urbano más resiliente y sustentable, y por el desarrollo integral de las áreas deprimidas.

Es bueno recordar que, surgida la aldea de bahareque en 1849, en las primeras, el poblado se desarrolló sobre una retícula ortogonal como modelo usual propio para ciudades predominantemente planas, lo que empieza a cambiar desde finales de la década de los años 30 cuando culmina la gran reconstrucción provocada por los incendios de 1925-1926, y sobre todo en el siglo XX al expandirse la ciudad con otro patrón urbano ajustado al contorno de una topografía fuerte al adoptar criterios alternativos como lo observamos por ambos costados de la Avenida Cervantes- hoy Santander- convertida en eje estructurante.

Pero los conflictos de asociados a su desarrollo, surgen entre 1960-1980, como consecuencia de los impactos de la revolución verde en esta tierra del café; cuando la población rural migra a la ciudad dándose una ocupación conflictiva de las laderas, no solo en Manizales sino y también en Salamina, Aranzazu y La Merced por mencionar las cabeceras más afectadas por procesos de erosión y desastres invernales, con lo cual Manizales debe abordar desde la diversidad los retos del trópico andino en sus vertientes, aunque sin abordar el tema de los ríos y arroyos urbanos.

Si con la llegada del automóvil el urbanismo lineal caracteriza esa expansión de la ciudad hasta los años 70 cuando aparecen La Sultana, Malabar y La Enea, a partir de los 90 con la nueva Constitución Política el tema ambiental gravita y Cramsa se transforma en Corpocaldas, para soportar una transformación del hábitat que empieza a reconocer las complejas relaciones entre el medio transformado y la estructura ecológica del territorio, aunque surgen dos nuevos problemas a resolver, como lo son la fragmentación social y espacial del territorio y el cambio climático que amenazan la estabilidad del hábitat.

Epílogo

Finalmente, si la base estructural de la informalidad en el caso de Manizales, donde la ciudad mantiene el primer lugar nacional con la menor tasa de informalidad laboral, se asocia más a la inequidad social y desigual distribución de la propiedad que a la transgresión de normas, se debe ratificar el compromiso con el trabajo digno y el desarrollo económico sostenible.  Y respecto al tema educativo, a pesar de lo señalado resulta alentador ver que, en Manizales donde la tasa de analfabetismo ha estado por más de 10 años debajo de un dígito, que la deserción escolar ha tendido a disminuir y que estamos 20 puntos sobre el promedio nacional en las pruebas ICFESE, pero así y todo el desafío es la implementación de un modelo educativo que, en lugar de apostarle a la sociedad industrial de ayer, le apueste a la sociedad del conocimiento.

Entonces, por qué no elaborar una guía no vinculante y flexible con ideas, recomendaciones y ejemplos que promuevan planeación ecológica para el diseño, recuperación y transformación del espacio público, como herramienta de ayuda para la administración pública, conteniendo las características y valores del paisaje manizalita, y además de esa herramienta generar procesos de participación ciudadana en las intervenciones del territorio buscando su adaptación al cambio climático para prevenir emergencia por la creciente amenaza, sabiendo que en esta ciudad los pasivos ambientales suman unas 4.000 viviendas en alto riesgo y las zonas de invasión presionando la estructura ecológica, avanzan.

* Profesor de la U.N. de Col., y Socio de la SMP Manizales. Web: https://sites.google.com/unal.edu.co/godues1 

Portada: Manizales, por @diegofernandofotografo

...

Fuentes Bibliográficas:




No hay comentarios: